Inicio / OPINIÓN / Águila o Sol

Águila o Sol

 

Opinión-colorDe: Prof. Monjardín

Reforma blindada

En el marco de la discusión del paquete de reformas a leyes secundarias en materia energética que se lleva a cabo actualmente en ambas cámaras, sin duda, uno de los temas que han concitado mayor atención entre la ciudadanía es el referente a las medidas anticorrupción que garantizarán que los recursos públicos destinados y obtenidos por la extracción de nuestros hidrocarburos será manejado de la manera más transparente y responsable.

De acuerdo con el Índice de Percepción de la Corrupción de 2013 que anualmente realiza Transparencia Internacional —según el cual 0 significa sumamente corrupto y 100 muy transparente—, México tiene una calificación de 34, lo cual nos coloca en la posición 106 de 177 países evaluados. Además, dentro de las 34 naciones que integran la OCDE, ocupamos el último lugar como una nación donde se presentan muchas prácticas de corrupción, lo cual tiene un impacto en la reducción del crecimiento económico que ronda entre 0.5% y 1% del PIB. Como se puede ver las consecuencias negativas de la corrupción tienen un alto costo y más cuando se presenta en empresas públicas como Petróleos Mexicanos, paraestatal que  cumple un papel estratégico para la nación.

Resulta preocupante que en una empresa como Petróleos Mexicanos (Pemex), que es uno de los principales motores del desarrollo económico nacional, se haya puesto de manifiesto que alrededor de 50% de los contratos que la empresa Oceanografía obtuvo con la paraestatal presentaron irregularidades inaceptables que derivaron en un fraude millonario. De ahí la indignación y preocupación de la ciudadanía, pero sobre todo la exigencia de que se establezcan garantías contra la corrupción en las leyes secundarias en materia energética.

Además de los esfuerzos que se realizan en el Senado de la República para esclarecer las prácticas de corrupción en el caso de Oceanografía, en la Cámara de Diputados acordamos integrar de manera plural la Comisión de Investigación de los contratos celebrados por Pemex, sus empresas subsidiarias y filiales de 2006 a la fecha, con el propósito de revisar la legalidad de los contratos de servicios, obras, arrendamientos y adquisiciones, y todos aquellos convenios que han ocasionado daño patrimonial a la nación, o que sean objeto de observaciones por parte de la Auditoría Superior de la Federación.

No obstante, para enriquecer y ampliar el debate en torno al decreto que crea el Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo, que será un fideicomiso supervisado por el Banco de México, la semana pasada los diputados federales recibimos al gobernador del Banco de México, doctor Agustín Carstens, a efecto de que explicara la manera en que se plantea la administración y distribución de los ingresos derivados de las asignaciones y contratos que suscriba Pemex con otras empresas.

De esta reunión quedó en claro que los integrantes de este fideicomiso serán sujetos de responsabilidad en el ejercicio de sus funciones para evitar cualquier acto de corrupción, pero sobre todo que el Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo constituye la principal garantía de que los recursos que traiga consigo la reforma energética serán para los mexicanos y, sobre todo, que seguirán impulsando el desarrollo del país.

No cabe duda que el nuevo modelo energético nacional está blindado frente a la corrupción. Sin embargo, aún queda mucho trabajo legislativo por hacer en la materia, porque la lucha contra la corrupción depende, en gran medida, del rediseño de las instituciones que impiden la discrecionalidad por parte de la autoridad.

 Renovarse o morir

Cambiar para dejar de simular, para dejar de usar escenarios viejos de una política que se envalentona en el discurso, pero que condiciona en la acción. Cambiar el aplauso controlado por el reconocimiento auténtico, cambiar para escuchar nuevas ofertas políticas, nuevos contenidos, nuevas razones. Cambiar la frivolidad política por la verdadera responsabilidad pública.

El tiempo político exige dejar de aplazar las obligaciones porque México merece una política sana, honesta e inteligente. Una política que reconozca el deber como principio y no el interés personal como único objetivo.

Nuestra palabra debe de representar acuerdo, ejemplificar respeto. La palabra debe ser instrumento de conciliación y definición, un instrumento útil para convertir la promesa en acción. La política no puede definirse como un espectáculo, como un espacio que invita a la descalificación. La palabra en la política no puede transmitir rencor y burla.

Nuestro país necesita sentirse seguro, necesita confiar en sus instituciones y no tratar de desprestigiarlas bajo el ánimo coyuntural que esconde el verdadero diagnóstico estructural. Hoy, la realidad exige entendimiento, exige un comportamiento digno entre la clase política, en donde el resentimiento no vulnere la esencia del debate.

Necesitamos sensatez para rescatar la madurez en la palabra, necesitamos congruencia para darnos cuenta que la pobreza no se soluciona solamente con discursos y que la grandeza política se consolida haciendo lo que se debe y no sólo hablando lo que se quiere.

La pero traición

La tolerancia se aplica en la práctica, no en la retórica discursiva que plantea ilusiones, historias y percepciones ajenas a una realidad. La tolerancia en las discusiones hace que las soluciones no sean resultado de la coincidencia porque el desprecio al problema de origen hace que el silencio valide el fracaso de políticas públicas insuficientes.

Racionalizar la actividad política evitará manipulaciones, hará que se construyan herramientas eficientes que siempre sean revisadas y mejoradas, permitirá descubrir una visión acertada y completa de la realidad, bajo enfoques especializados y técnicos que permitan la ansiada evolución política.

Hoy, quizá una imagen valga más que mil palabras, quizá la palabra presume en la retórica lo que en los hechos no puede sostener. Quizá hemos abusado de ella, la hemos puesto de rehén y la hemos vendido al mejor postor. Quizá la palabra dejó de ser argumento para convertirse en origen de conflicto. Quizá la palabra comenzó a ser objeto de muchos y razón de pocos. Por eso, la palabra en la política debe de transmitir respeto, debe de pensarse para que después no tenga que actuarse.

No habrá peor error que sobornar la palabra con visiones cortas y mediocres. Nos engañamos, creemos que el costo de hoy necesariamente se traduce en el beneficio de mañana, que el dicho se convierte en hecho. Hacemos de la política mexicana un mundo de palabras mudas y expresiones sordas. Hacemos de la política mexicana el espacio ideal para distorsionar significados, al final la palabra dicha ayer se pierde por su falta de sentido y capacidad de obtener eco en algún hecho.

El presente político requiere de inteligencia que distinga entre la frivolidad de quienes violentan la palabra y la prudencia de quienes encuentran en ella el respeto y el progreso. Si la palabra se pervierte, la ignorancia se estimula. Si la palabra se utiliza como moneda de cambio, entonces su valor se devaluará a tal grado que ni siquiera seremos capaces de creer en nosotros mismos, siendo cómplices de una política absurda que en la falta de renovación encuentra su peor traición.

Revisar tambien

Asentamientos populares o informales

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Andrea Liliana Gonzalez ¿Alguna vez te haz preguntado en dónde vive la ...