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Águila o Sol

 

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De: Prof. Monjardín

Complicados y complicando

Desde hace algunas décadas, los mexicanos han decidido votar por un Presidente pero sin otorgarle mayoría absoluta en el Congreso de la Unión. Ante este hecho el Ejecutivo debe emplear toda su capacidad negociadora para llevar su gobierno a buen puerto, pero aunque esto no dependa únicamente del Presidente y de su equipo, el resultado bueno o malo sí será de su absoluta responsabilidad. Si es exitoso, el éxito será suyo; si no lo es, suyo será el fracaso.

Si bien el Ejecutivo Federal y su equipo deben utilizar todas las herramientas imaginables para construir mayorías legislativas, es preciso entender primero el campo de juego, los equipos contendientes y cada uno de sus jugadores. No nos engañemos, los adversarios desean el fracaso del Presidente, ésa es su meta. Si llegan a estar de acuerdo en alguna propuesta que contribuya al bien de México, será porque su apoyo les traerá aparejado algún beneficio político y/o electoral.

El escritor, filosofo y político canadiense, Michael Ignatieff  lo define en estos términos: “(La política) es un mundo fundado en la mala fe. Si tú eres un político, tus oponentes no están para aceptar lo que dices de buena fe. Ellos existen para escucharte con absoluta mala fe. Ese es su trabajo. Uno tiene que entender que no se la debe tomar personal. Yo tuve muchos oponentes políticos a quienes apreciaba personalmente pero que sabía, deseaban mi fracaso. Y mi trabajo como político era hacer lo mismo. Nadie debería entrar en la política sin entender antes que se trata de un juego con reglas muy precisas diferentes a las de la vida normal”.

Imaginemos ahora que esos adversarios deseosos de tu fracaso, se encuentran divididos entre sí. Unos, en tribus cada vez más formales; otros, en grupos de poder que pelean por el botín, obscenamente jugoso del financiamiento público.

No me refiero necesariamente al PAN de nuestros días, frente al gobierno de Peña Nieto. Eso mismo sucedió al PRI de ayer, frente a Vicente Fox y Felipe Calderón. ¿Cómo olvidar la memorable rebatinga entre Emilio Chuayfett y Elba Esther Gordillo durante la Legislatura 2003-2006 y el pleito con Roberto Madrazo? Recordemos la polarización que vivió ese partido en la elección de Roberto Madrazo como Presidente del PRI frente a Beatriz Paredes. ¿Qué decir de la fría relación entre Senadores y Diputados del PRI entre 2006 y 2012? Los primeros, fieles escuderos de Manlio Fabio Beltrones; los segundos, de Enrique Peña Nieto.

Parece que ahora esa historia se repite en Acción Nacional, de regreso en la oposición, asumiendo su papel pero complicando las cosas merced a su profunda división interna, tal como sucedió, en su momento, al PRI como oposición. Encuentro en esto un síntoma adicional de nuestra disfuncional democracia. Los partidos que pasan del gobierno a la oposición, se hunden en un complicado proceso de autodestrucción, que tiene todo que ver con la lucha por el poder y con el botín económico. Cada bando se cree dueño de la verdad y radicaliza su discurso. Mientras tanto, el gobierno se queda perplejo, forzado a negociar con distintas facciones dentro de los partidos; no con partidos cohesionados ni con sus líderes. El resultado: un país paralizado, rehén de unos partidos incapaces de ponerse de acuerdo.

Acierta Ignatieff en su apreciación de la actividad política a nivel de cancha. A pesar de que su tesis parece tan pesimista, tanto él, como el mundo entero, reconocemos que Canadá es una democracia avanzada. Lo es, porque en su sistema de gobierno se construyen mayorías con base en intereses de los grupos representados en el Parlamento y esos grupos representan, a su vez, claros intereses de los ciudadanos que representan.

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