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Combate a la impunidad de risa

Opinión-colorErick Zúñiga

En los sucesos de los últimos días, en los temas noticiosos dominó el de la apropiación de recursos públicos para beneficio privado, (lo cual es corrupción), por el uso del helicóptero de Conagua y esto aparece cuando se empezaba a dejar de lado el asunto de la casa blanca y la del otro color y se está esperando que aparezca la siguiente novedad, que ya no será tal ya que los mexicanos nos hemos acostumbrado a que estas notas sean el tema de todos los días.

Los mexicanos hemos aprendido a vivir con esta costumbre que nos viene desde muy atrás y que ha sido adoptada por los funcionarios públicos de todas las épocas, ya que quien no lo hiciera estaría en desventaja y además lejos de ser reconocido por honesto, sería considerado como poco listo.

Cada sexenio se anuncia el establecimiento de nuevas medidas para combatir este flagelo. Recordamos lo que dijo el presidente Peña cuando, hace apenas unos días, nombró al nuevo secretario de la Función Pública, quien se encargaría de aclarar, descubrir y sancionar especialmente el tema de la casa blanca, ¿qué fue lo que le obligó a tomar esa medida, y qué pasó?, nada hasta ahora.

En cada nuevo caso de corrupción se le apuesta al olvido, se aguanta el revuelo de los primeros días y como una nueva nota mata a la otra, el tiempo las va borrando todas.

Hay un dato esperanzador, el 35% de la población son jóvenes que han vivido menos años de corrupción y que les ha tocado en una época, que aun cuando sea de manera inconsistente, se está tomando conciencias del combate a la corrupción. Es de esperarse que esta nueva generación, que está padeciendo desempleo y falta de oportunidades, no se acomode tan fácilmente y se integre a ella, no sólo porque “los frutos de la corrupción no alcanzan para todos”, sino por su toma de conciencia social que será lo que logre impulsar un cambio.

El uso de las redes sociales, que especialmente usan los jóvenes, puede suplir el control de los medios de comunicación que todavía se hace, sobre la información que oficialmente se encuentra “inconveniente” y lograr a través de ellas que los temas no mueran, para que la toma de conciencia se generalice y sea el rechazo ciudadano el que se imponga para lograr la corrección de estas prácticas que ocasionan una enorme sangría económica en las arcas del país y un gran deterioro en la ética ciudadana y en la unidad nacional.

Del combate a la corrupción que últimamente se ha tomado como bandera oficial, no se han visto, ni son de esperarse, resultados positivos. El último caso el de Conagua está siguiendo los patrones de siempre, tal vez tenga la variante de la aceptación del culpable y la disculpa pública, suponiendo que con esto se pueda dar borrón y cuenta nueva.

Pero esto no puede ser así de sencillo, si a la falta le corresponde una sanción, el siguiente paso no puede ser el olvido y que el infractor pase a ocupar otro puesto, en forma discreta, o que quizá no lo requiera porque tenga sus propias empresas, pero el agravio a la ciudadanía que es la dueña de la nación y la violación a las leyes, deberán tener consecuencias.

Si el combate a la corrupción no está funcionando hay que revisarlo; se requiere emprender una nueva campaña del combate a la impunidad, ya que lo que mantiene una conducta es el resultado que se obtiene con ella y los corruptos sólo han obtenido beneficios, nunca castigos.

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