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¿Cúal transparencia?

 

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Siguen con las bromas diputados y senadores del PRD, quieren transparentar el uso de los recursos de la bancada y sistematizar informes sobre ese dinero, el menos vigilado del país.Si no se tratara de asuntos tan graves pensaríamos que nuestros diputados y senadores nos están adelantando el día de los Santos Inocentes, que cae, como todo mundo sabe, el 28 de diciembre.    Los panistas retoman la propuesta de una Ley Anticorrupción, bajo el control de una Comisión ad hoc, misma que conforma parte de las promesas de campaña del presidente Enrique Peña Nieto, formalizada ante notario público como el primero de sus compromisos de gobierno.

Vamos a creerles a los diputados y senadores autores de tal y tan bien intencionada legislación, con su cauda de burócratas en la Comisión, digamos que chamba para todos y esta es una oportunidad; intenciones loables, pero desvergüenza de los blanquiazules, sumergidos en escándalos por comisiones cobradas a los alcaldes de su partido para entregarles presupuestos, así como asignaciones millonarias a los integrantes de las bancadas, “no más porque sí”.

De lo que ha pasado en la capital, lo menos que se puede decir es la utilización de dinero negro en las campañas por las delegaciones, y apropiamiento de los órganos de dirección partidaria por ese mismo método.

Todo esto destapado por una parienta de Margarita Zavala y por el delegado en Benito Juárez, Jorge Romero, al que los enanos sus más cercanos colaboradores, le crecieron feo: dos de ellos encarcelados en Brasil en episodio de sobra conocido; otros dos que anunciaron los despedirían lo que no ha sucedido, tras subir a las redes una charla entre ellos calificando a los empleados de la delegación como “indios mugrosos”, “muertos de hambre jodidos” y asegurar que por eso eran pobres.

Puede hacerse un recuento de gansadas acumuladas por los panistas en el uso del presupuesto como fracción parlamentaria (no son parlamentarios, pero así les llena el ego que los mencionen): pachangas con señoras de alquiler o festejo a la esposa o al legislador, pastor de la borregada azulina, santo o cumpleaños, en instalaciones oficiales.

Siguiendo con las bromas de diputados y senadores, éstos del PRD, quieren transparentar el uso de los recursos de la bancada y sistematizar informes sobre ese dinero, el menos vigilado del país.

Un canto al cinismo: Alejandro Encinas, que está con las patitas en Morena, cuestiona al PRD por el caso Iguala y por el gobernador de Guerrero, ilustres ex priistas. Olvida su papel protector de otro narcopolítico, Julio César Godoy, al que ocultó en su oficina de la Basílica de San Lázaro  hasta que tomó posesión como diputado y se acogió al fuero. Anda huido y Encinas lo ignora.

Detrás de la normatividad para la transparencia se ocultan dos cuestiones: la despedida de un millón de pesos por choya que se entregará a la fracción correspondiente para su oportuno reparto, y la presencia cotidiana ante los votantes, con el pretexto de los informes periódicos, lo que les dará vigencia como también pretenden para reelección consecutiva.

El perredista Fernando Belaunzarán, uno de los autores de esta vacilada que no alcanzará a los actuales legisladores porque entraría en vigor en 2015, dice que “la transparencia es el mejor remedio para evitar tantos excesos que se pueden dar y que se siguen dando, así como pantomimas como la de Ricardo Monreal, con el truco engañabobos de que quiere devolver 15 millones de pesos correspondientes a las subvenciones de su grupo”.Y luego se extrañan de ser el grupo social con la más baja calificación en el aprecio de los ciudadanos.

Conjeturas

La salida de Ángel Aguirre como gobernador de Guerrero, se suma a la de Fausto Vallejo en Michoacán para llegar a dos mandatarios defenestrados en lo que va del sexenio. En ambos casos se trata prácticamente de un manotazo de la federación en detrimento de las autoridades estatales.

En primera instancia uno pensaría que lo anterior es resultado del regreso de un presidencialismo de nuevo cuño y el principio del fin de los virreinatos absolutos en los que se convirtieron las gubernaturas en los dos últimos sexenios. Después de todo, uno de los rasgos del centralismo del pasado era la capacidad de los presidentes para deponer gobernadores a su antojo. Carlos Salinas lo hizo 14 veces durante su administración; Zedillo intentó hacerlo, sin éxito, con Roberto Madrazo en Tabasco y su fracaso fue el primer indicador de que los ocupantes de Los Pinos habían perdido su jerarquía como árbitros absolutos del resto de los poderes de la escena pública.

Una lectura superficial podría hacer pensar que Peña Nieto ha logrado imponerse al resto de los poderes fácticos como en el pasado lo hicieron los presidentes priístas. Pero una mirada más detallada nos mostraría que esto no es lo que parece. En realidad ambos gobernadores fueron convertidos en cadáveres políticos por la intervención del crimen organizado. Fueron los Narcos quienes les quitaron el poder mucho tiempo antes de que la Federación los hiciera a un lado.

Peor aún, habría que preguntarnos cuántos gobernadores se encuentran también en dicho caso. Si lo de Michoacán y Guerrero finalmente explotó fue debido a coyunturas que hicieron las veces de un detonante: las guardias de autodefensa en un caso, la desaparición de los 43 estudiantes en el otro.

Así las cosas en este México

Se suponía que el regreso del PRI restablecería la noción de un centro de gravedad capaz de poner un principio de orden entre los poderes fácticos que se habían salido de curso con la alternancia política. Sindicatos sin control, gobernadores convertidos en señores feudales, multimillonarios operando como amos del universo en absoluta impunidad, cárteles de la droga dueños del territorio. La aprehensión de la maestra Elba Esther Gordillo, del sindicato de maestros, y las supuestas leyes antimonopólicas en contra del imperio de Slim y Televisa, hicieron suponer que había regresado ese árbitro. Quizá no para reducir a los otros poderes, pero al menos para instalar una lógica de prioridades, una agenda mínima para impedir la arrebatinga salvaje.

Pero lo de Elba Esther muy pronto se reveló como una simple vendetta al interior de las fracciones priístas; las cúpulas sindicales han mantenido su poder incólume y las últimas negociaciones contractuales lo confirman. Por su parte, Slim y Azcárraga lograron muy pronto maniatar las aristas incómodas de las reformas para minimizar su alcance.

Y por lo que respecta a los cárteles de la droga,  lejos de menguar su poder se ha extendido. Quizá ya no tengan en su cúspide a los grandes capos del pasado ahora que “El Chapo” está detenido y los Beltrán Leyva desmantelados, pero lo que ha surgido es aún más desesperanzador: multitud de organizaciones locales de ferocidad inusitada, sujetas a mafias arbitrarias incapaces de sostener una estrategia funcional de largo plazo. Justamente, la desaparición de los normalistas en Iguala habría sido el resultado de una decisión absurda de la esposa del presidente municipal, al parecer cabeza local de la organización Guerreros Unidos. Membretes efímeros que brotan a todo lo largo de las sierras  y lomeríos del país y aterrorizan a las comunidades en respuesta a las rivalidades fratricidas que ni ellos mismos entienden.

Frente a estos poderes fácticos, salvajes e ilegales, la presidencia ha perdido terreno. Y no porque Calderón o Fox hayan tenido más fuerza, sino porque la decapitación de los capos de los cárteles ha provocado su fragmentación infinita e incesante y ha hecho del monstruo uno de mil cabezas.

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