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Desigualdad y pobreza

Opinión-colorErick Zúñiga 

Constituye un error gravísimo llevar a cabo análisis económicos sin considerar el fundamento moral sobre el cual está construido el modelo de desarrollo vigente. Desde esta perspectiva, es evidente que el estudio de la economía no puede llevarse a cabo únicamente con base en la revisión crítica del comportamiento del “fenómeno económico” (producción, distribución y consumo de bienes y servicios), sino que es exigible reivindicar miradas capaces de penetrar en la dura complejidad de la realidad.

La construcción de un personaje como Ebenezer Scrooge por parte de Charles Dickens en el siglo XIX implica una comprensión mayúscula de la naturaleza y características esenciales de la mayoría de los capitalistas contemporáneos: seres reptantes que recurren a la seducción o a la sedición frente al poder, en aras de conseguir para sí y sus grupos todo lo que está a su alcance.

La descripción de Marx respecto del capitalismo entendido como la “guerra de los codiciosos” sintetiza el espíritu moral de quienes promueven la acumulación a toda costa y a cualquier costo sin importar el dolor y sufrimiento que esto puede implicar para millones de personas.Nietzsche es implacable en su crítica a la irresponsabilidad ontológica que implica dedicar la vida al culto al dinero y al poder, y al absurdo que transporta el renunciar, en tanto seres libres, a la voluntad de poderío en favor de una moral que a todas luces se revela como “una moral de rebaño”.

George Bataille definiría al espíritu del capitalismo contemporáneo como “la parte maldita”, haciendo notar el absurdo del manejo de los excedentes generados, pero, sobre todo, denunciando la falacia de la “permanente escasez de recursos” como supuesto fundamental del razonamiento económico liberal y neoliberal.

El problema es que en el capitalismo los literatos y los filósofos han sido reducidos a personajes marginales, y su presencia es entendida como “un mal necesario” para legitimar a las democracias liberales que son, a final de cuentas, las principales defensoras del régimen económico vigente en todo el planeta.

Todo esto está vinculado al tema central de la discusión pública que se ha generado a nivel global en torno a la desigualdad y la pobreza. En el caso mexicano, la organización OXFAM ha documentado que los 16 principales mega ricos del país han multiplicado por cinco sus riquezas en los últimos 20 años, y los cuatro más acaudalados concentran fortunas equivalentes al 9% del PIB nacional, una situación que muestra la infinita capacidad de expropiación de la riqueza socialmente producida, la cual se mueve a un vertiginoso ritmo exponencial.

La conclusión frente a tales datos es inevitable: la desigualdad sí es deliberada. No hay ya espacio para asumir que “las libres fuerzas del mercado” están premiando a los más capaces y con mayor iniciativa; aquí hay un peligroso juego de poder desde el que se controlan las políticas fiscales y hacendarias, y con ellas, el juego político.

Si a ello se le agrega que los políticos son financiados mayoritariamente por grandes y medianas empresas en todo el territorio nacional, entonces no hay lugar para negar que la desigualdad y la pobreza tienen su origen en un plan diseñado deliberadamente para que muy pocos ganen y las mayorías pierdan.

Comprender y denunciar lo anterior requiere, sin embargo, salirse del círculo de razonamiento casi único que hoy prevalece y reivindicar la idea de que es preferible entender al sistema económico dialogando con alguien que es capaz de escribir un título como “Las lágrimas de Eros”, y no a quien reduce al pensamiento a un esquema de gráficas con curvas cuya tendencia casi nunca varía.La desigualdad y la pobreza tienensu origen en un régimen gobernado por la codicia.

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