Inicio / OPINIÓN / Dramático

Dramático

 

Opinión-colorErick Zúñiga

Hay temas que en algunas regiones territoriales y entre sectores poblacionales no forman parte de la visibilidad cotidiana. Se da por sentado que cuestiones elementales están resueltas para todos en el país, y por ello no se plantean como cuestiones de fondo a resolver ni por parte de la sociedad, ni mucho menos por parte de las autoridades responsables, y en este caso particular, de las presidencias municipales.

Uno de esos temas es el registro oficial universal al nacer. Se trata de uno de los derechos garantizados por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como por la Convención de los Derechos de la Niñez, la cual forma parte de nuestro corpus jurídico de rango constitucional desde junio de 2011.

El registro de todas las niñas y los niños que nacen o viven en nuestro país debería ser una de las prioridades ineludibles, tanto para quienes tienen la responsabilidad de su cuidado en el seno familiar, como de las autoridades que tienen a su cargo el Registro Civil.

En ese sentido es importante destacar que, de acuerdo con la Encuesta Intercensal, dada a conocer el martes pasado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el país el 0.85% de la población nacional no cuenta con registro oficial. El dato pareciera menor; sin embargo, considerando que la magnitud demográfica del país asciende a 119.53 millones de personas, la cuestión cobra dimensiones enormes, pues la cifra absoluta sería de 1,016,011 personas que carecen de acta de nacimiento.

Para ilustrar lo dramático de la cuestión vale decir que se trata de seres humanos que no tienen “existencia oficial”. Seguramente también son los más pobres; quienes viven en mayores condiciones de marginación y vulnerabilidad; y quienes oficialmente también estarían impedidos para recibir cualquier servicio público.

Al revisar los datos por grupos etarios, lo que se encuentra es que son, otra vez, las niñas y los niños quienes viven en mayor desprotección; en efecto, entre las niñas y los niños recién nacidos y hasta los cinco años, el 3.59% no cuentan con acta de nacimiento; una vez más, considerando que en este segmento de edad hay 12,713,051 niñas y niños, el indicador implica una suma de 456,398 niñas y niños menores de cinco años que no tienen acta de nacimiento.

Entre la población de 6 a 14 años —grupo que debe estar matriculado universalmente en la educación básica—, el porcentaje es de 0.53% sin acta de nacimiento; traducido a números absolutos se trata de 106,204 niñas y niños que carecen del mencionado registro oficial.

En el siguiente grupo, que va de los 15 a los 64 años de edad, hay un 0.49% que nunca ha sido registrado, es decir, 389,914 personas sin acta de nacimiento; mientras que entre la población de las personas de 65 años y más, el dato es de 0.91%; es decir, una suma de 77,773 personas sin registro al nacer.

Carecer de acta de nacimiento en la primera infancia puede comprometer la vida de las niñas y los niños y, sin duda alguna, hipoteca su futuro en la vida adolescente y adulta, al privar a las personas que están en tal situación de uno de los derechos fundamentalísimos de cualquier ser humano: el derecho a la identidad y a tener un nombre; y también, en el caso de las niñas y los niños, a conocer quiénes son sus padres o familiares, tal y como está plasmado en la Convención de los Derechos de la Niñez.

Hay medidas muy simples que pueden revertir esta situación: primero, garantizar que en todos los hospitales públicos y privados sean registradas todas las niñas y los niños al momento de nacer, por lo que podría haber comisionadas y comisionados de guardia del Registro Civil que otorguen este servicio en las horas posteriores al parto. Y segundo, garantizar la gratuidad del servicio independientemente de la condición socioeconómica de las personas.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Consumismo

La Asociación Civil el Poder del Consumidor es un organismo que en el nombre resume su misión. Para lograrla lleva a cabo varias tareas entre las que han tenido mucho éxito una especie de reseñas muy precisas de algunos productos o servicios disponibles en el mercado, así como una amplia difusión de las mismas por redes abiertas, tienen una página internet [http://elpoderdelconsumidor.org] y una buena presencia en redes sociodigitales (en lo sucesivo si no se me olvida adoptaré el término)

Las reseñas por lo regular se derivan de un correcto y agudo análisis de las tramposas etiquetas con letras de siete o hasta seis puntos que vienen en los envases de una bebida energética, en barras, en panes promocionados como “saludables”, o incluso en postres todavía vendidos en varias escuelas.

Del leche gansito, por ejemplo, los editores concluyen: “Producto no apto para su consumo en niños y niñas, ya que contiene altas cantidades de azúcar añadida, un edulcorante no calórico que perpetúa el gusto por sabores intensamente dulces y un aditivo asociado a inflamación, úlceras y efectos carcinógenos.” Estas radiografías del producto le ofrecen al consumidor la información completa y lo empoderan para que tome decisiones correctas, además de brindarle opciones más saludables de alimentación.

La asociación tiene una cuenta de Facebook mediante la cual comparte información útil. Además de las radiografías y de informes muy completos sobre obesidad, diabetes y movilidad disponibles en su página, produce unos videos muy divertidos junto con Cacto Producciones titulados “El estudio de Sofía”. A propósito del más reciente quiero hacer unos comentarios.

Resulta que somos un país productor de autos para consumo interno y externo, pero en aspectos de seguridad los vehículos para el mercado nacional tienen un atraso aproximado de treinta años.

Por ejemplo el Sonic de la GM vendido en Estados Unidos cuenta con bolsas de aire frontales para las rodillas, bolsas laterales para la cabeza y tórax, bolsas de aire de cortina para asientos traseros, frenos ABS, frenado asistido, sistema de control de estabilidad, sistema de anclaje isofix y pretensores en los cinturones de seguridad. Un modelo parecido producido en México, el AVEO, el automóvil más vendido en los últimos años, sólo cuenta con cinturones de seguridad en su versión básica.

Lo peor es que los autos que exportamos a Europa sí cumplen con estándares de seguridad adecuados y se venden más barato. Algo similar a los litros de gasolina que Pemex vende a siete pesos en Estados Unidos y aquí al doble.

Si usted compró un auto nuevo y quiere asomarse a ver cómo se desempeña en cuestiones de seguridad, le sugiero visitar la página del Programa de Evaluación de Vehículos Nuevos para América Latina y el Caribe (Latin NCAP). Una agrupación que realiza pruebas muy específicas, además de explicarlas minuciosamente, sobre la seguridad de los automóviles vendidos en Latinoamérica. Por cierto el AVEO aunque tiene todos los taches en seguridad, no es el automóvil más inseguro del país, hay otro peor, ¿sabe cuál es? el Tsuru. ¿Cómo la ve?

Por lo pronto consumidores estadunidenses le enviaron una carta a la General Motors para que fabrique automóviles más seguros en México y el resto de los países latinoamericanos. No es posible que como fabricantes nos vendan chatarra y a precios más altos que los fijados para el mercado exportador que cuenta con los más altos índices de seguridad.

Brutalidad

Detrás de brutales delitos, siempre hay personajes que intentan combatirlos: mejorando la condición de las víctimas, encontrando vías para disminuirlos, mejorando condiciones para erradicarlos. A todo mal, siempre hay un remedio.

Hay actos que no podrían ser considerados como moralmente obligatorios. Se les denomina actos “supererogatorios”. Son esa clase de actos que no son moralmente obligatorios, pero que son moralmente encomiables. Esa es la clase de actos que gente como Lorena Cruz realiza incansablemente, día tras día. Una radiografía del panorama que ella combate, corroborará lo que digo.

En Francia se reportan alrededor de 75 mil violaciones al año, y las autoridades estiman que únicamente se reporta el 10% de las realmente sucedidas. En la India, donde ha habido un incremento considerable en las últimas décadas de este delito, una mujer es violada cada 22 minutos. En Canadá, sólo el 6% de las violaciones son denunciadas ante las autoridades.

En 2006, en Arabia Saudí, un tribunal sentenció a dos víctimas de violación a 6 meses de prisión y 90 latigazos por “ir en un auto solas con otro hombre que no era de su familia”. En el Congo, durante la guerra, se calcula que 48 mujeres eran violadas cada hora.

Pero en México también tenemos cifras alarmantes: se estima que el 47% de las mujeres mexicanas ha sufrido alguna clase de abuso sexual y se han reportado alrededor de 120 mil violaciones al año.

El abuso sexual es uno de los delitos más brutales que puedan existir: se roba algo, se somete, se vulnera, se condiciona la integridad y la dignidad de alguien. Es un delito psicológicamente complejo, cosifica al individuo, lo convierte en objeto y no en sujeto. La violencia sexual es tan brutal, que preferimos pensar que no existe, que es un mito, antes de enfrentar el problema; en lugar de atacarlo.

Dos polos

Afortunadamente, no todos piensan así. Existen mujeres valientes y cabales que siguen luchando por las mujeres que han sido sexualmente abusadas; mujeres que son la sombra de las víctimas. Su lucha no se reduce a fortalecer el derecho de las mujeres, sino a combatir la violencia en contra de ellas.

Son dos polos, son dos perspectivas, reivindicar el lugar de la mujer en la sociedad, no elimina la violencia que éstas sufren. Se deben atacar paralelamente, simultáneamente. Esto es, al menos, lo que me enseña la labor que hasta ahora ha desempeñado el Instituto Nacional de las Mujeres.

En el caso específico de la violación y el abuso sexual, debemos emprender una cruzada todas las instituciones públicas en coordinación con el Inmujeres.

En 26 entidades federativas del país no se castiga con todo el rigor legal ni punitivo el abuso sexual. Como ha dicho Lorena, incluso en algunos estados de la República, la pena por violación es menor frente a la del robo de una vaca. La cruzada es simple. Tomarnos en serio el problema, reconocerlo y enfrentarlo.

Debemos homologar conceptos. Debemos establecer tipos penales similares y que luchen contra este delito seriamente. Debemos combatir la impunidad y brindar confianza a las víctimas para que denuncien los delitos sexuales. Debemos generar estadísticas confiables para tener información objetiva sobre las dimensiones del problema y las zonas geográficas que requieren de mayor atención.

La violación y el abuso sexual no es problema de unos cuantos, no es problema de las mujeres: es problema de todos, es un problema social y, en tanto tal, debemos resolverlo todos. No podemos dejar que las víctimas y las mujeres detrás de la brutalidad, sean las únicas que se preocupen de este tema.

Revisar tambien

Asentamientos populares o informales

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Andrea Liliana Gonzalez ¿Alguna vez te haz preguntado en dónde vive la ...