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El escándalo no termina

 

OpiniónErick Zúñiga

Hay dos maneras de ver el tema de los Panama Papers, que le ha explotado en la cara a medio mundo. Una es verlo como el descubrimiento del agua tibia; la otra, como una cacerola de aceite hirviendo que cae sobre las elites de muchas naciones. Paradójicamente, es las dos cosas.

El agua tibia, porque no es novedad para nadie con dos dedos de frente que los capitales, en su búsqueda por la maximización de las ganancias, no respetan las fronteras nacionales ni suelen ceñirse estrictamente a las leyes.

Son pocos en el mundo los empresarios verdaderamente comprometidos con sus países, y ese compromiso no existe en lo absoluto en las empresas multinacionales. Para todos, los impuestos son una monserga y está en su lógica elemental intentar minimizar su monto.

Por supuesto, lo de Panama Papers va más allá. No se trata de minimizar la carga impositiva, sino de elusión y evasión fiscal. Y, sobre todo, de opacidad: se trata de esconder los dineros, por razones múltiples. Algunas válidas y legales; otras, no.

Todo mundo sabe de la existencia de paraísos fiscales: las Islas Caimán, Luxemburgo, las Islas Vírgenes, Panamá… es el agua tibia. También es conocido el hecho de que la opacidad financiera es uno de los problemas que más han preocupado —y ocupado, discursivamente— a los gobiernos en los últimos años.

Sin embargo, una cosa es saber la existencia de estos paraísos y otra, conocer —a través de una filtración profesional— pelos y señales de algunos de los beneficiarios. Una cosa es constatar que las grandes empresas tienden a evadir impuestos y otra, encontrarse con personajes políticos que depositan en cuentas offshore cantidades que no corresponden con sus supuestos ingresos.

En años de crisis como los que vivimos a nivel mundial, crece naturalmente la tendencia a pagar los menos impuestos posibles. Con ella, crece la tentación en los gobiernos de convertirse en jugadores dentro de la competencia fiscal que hacen las grandes empresas, ofreciendo condiciones cada vez más benévolas.

Lo vemos en Europa, con Luxemburgo, Irlanda y el Reino Unido, a la cabeza. Lo vemos en Estados Unidos, donde una tasa de 39% de impuestos para las personas morales se convierte en 24% para las 50 empresas más grandes, debido a su capacidad de cabildear en el Congreso todo tipo de deducciones.

Adicionalmente, las grandes empresas estadunidenses no suelen repatriar buena parte de sus ganancias, para no pagar los impuestos locales. Según The Economist, a fines de 2015, las ganancias acumuladas de empresas de EU que están invertidas financieramente fuera de ese país alcanzaron la cifra de dos billones de dólares (dos millones de millones: un 2 con 12 ceros).

Creo que eso nos da una idea del tamaño del asunto de la elusión fiscal y también pone las cantidades reveladas en Panamá en perspectiva.

El otro punto clave de la revelación es el hecho de que se trataba de dinero escondido, porque Panamá no acepta la transmisión automática de información sobre activos financieros. Las razones por las que se esconde dinero pueden ser muy variadas, pero la existencia en la lista de personajes muy cercanos a gobernantes hace pensar que una parte de esos capitales es resultado de la corrupción (y creo que esto también es agua tibia).

La conclusión general es, sin embargo, muy reveladora. Las grandes fortunas, empresariales o políticas, han crecido en los últimos años mucho más rápidamente que la economía en general y ello se debe, al menos parcialmente, al hecho de que no pagan los impuestos que les corresponden. Y a que pueden no hacerlo debido a la existencia de paraísos fiscales.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Corregido y aumentado

A unos días de vencerse el plazo constitucional (15 de abril), en la medianoche del pasado sábado, el Congreso estatal de Oaxaca finalmente pudo reformar la Ley Estatal de Educación (LEE), con base en los lineamientos de la reforma educativa que la federación instrumentó a inicios del actual sexenio. Casi tres años les llevó a los legisladores oaxaqueños armonizar la LEE; evidentemente no fue fácil, se tuvieron que configurar las condiciones propicias. Como antecedente, la federación, coordinadamente con el gobierno de Gabino Cué, tuvo que orquestar contundentes golpes contra la disidencia magisterial agrupada en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Este —nunca mejor dicho— “madruguete” exhibe de nueva cuenta a la CNTE como debilitada. La relevancia política de haber armonizado la LEE es palpable en varios planos. De entrada, ahora la evaluación magisterial en Oaxaca es obligatoria, con lo cual aquellos docentes que se nieguen a la misma podrán ser despedidos de inmediato. Cabe recordar que apenas en marzo la Secretaría de Educación Pública (SEP) suspendió a 3,360 maestros.

Además, se sienta el precedente para el cese de pagos a profesores comisionados, lo cual ha sido un constante reclamo de organizaciones de la sociedad civil a la propia SEP. En otro plano, no menos importante, se emite el mensaje que el Estado sigue avanzando en la lógica de retomar la rectoría del sistema educativo nacional; se trata de reafirmar que la federación efectivamente puede aplicar programas de alcance nacional en Oaxaca o en cualquier otra entidad.

En los hechos, los legisladores oaxaqueños desecharon el Plan de Transformación de la Educación de Oaxaca (PTEO), mismo que la CNTE había propuesto y con el cual pretendía chantajear al gobernador. La disidencia magisterial publicó en un comunicado que había sido traicionada y que lo “cobrará caro a este gobierno y a sus esquiroles, los diputados…”. En consecuencia, la dirigencia de la CNTE amagó con movilizarse y con boicotear el proceso electoral en curso en la entidad. No debiera descartarse que se genere violencia.

Sería un craso error calcular que la Coordinadora está en etapa terminal. Ciertamente luce muy menguada, pero con fuerza suficiente para desestabilizar Oaxaca, cuyo gobierno no es precisamente un portento institucional. En adición, hay que recordar los múltiples guiños recíprocos entre la CNTE y Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El tabasqueño ha tomado la bandera de la disidencia y sin rubor expresa que la reforma en la materia es una intentona privatizadora de la educación pública. Por otra parte, para nadie son novedad los vínculos que el magisterio rebelde históricamente ha tenido con grupos radicales violentos que operan en la entidad.

Ahora que muchos analistas han sugerido que a partir de abril advierten un endurecimiento en la línea política del gobierno federal, quizá Oaxaca se erija en la arena para medir fuerzas. El titular de la SEP, Aurelio Nuño, aplaudió la homologación de la ley educativa en Oaxaca y anunció que en mayo se despedirán otros 1,200 maestros que se resistieron a la evaluación en Guerrero. Es decir, ni un paso atrás. Ahí está el trasfondo de las recientes arengas de Nuño Mayer a AMLO.

Por su parte, la CNTE movilizada se apresta a ser un actor que incida en el proceso electoral, más allá de las fronteras de Oaxaca, enarbolará un discurso antisistema que le viene bien a AMLO.

Sin que ambos explícitamente acepten tal alianza, su actuar será coordinado, jugando con la idea de reeditar el escenario de irrupción de la APPO en 2006. La capacidad política del gobierno federal será puesta prueba, podrían venir provocaciones y presiones para que actúe. En Oaxaca está en juego algo más que la sucesión por la gubernatura.

Dinero sucio y poder

Una investigación periodística global, los Papeles de Panamá, destapa una gran cantidad de historias secretas. Cuando la transparencia llega a los sótanos del poder genera reacciones diversas, desde el escándalo hasta la sorpresa, pero, sobre todo, permite ver cómo están los países en su fortaleza-debilidad institucional y cuál es la tolerancia-intolerancia hacia la corrupción.

Como en cualquier menú amplio, en éste hay de casi todo: políticos, empresarios, deportistas, actores, escritores, narcos, organizaciones internacionales. De la misma forma, hay despachos, bancos y gobiernos involucrados. Estamos ante una gran cantidad de documentos que se filtraron, 11.5 millones, de un despacho en Panamá, Mossack-Fonseca, uno de los países que permite con mayor facilidad la generación de los llamados paraísos fiscales y las empresas offshore.

El inicio fue con el diario alemán Süddeutsch Zeitung y se hizo una red de 376 periodistas en 78 países; aquí en México, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) seleccionó como socios al equipo de Aristegui Noticias y a la revista Proceso. En este laberinto de información hay asuntos muy importantes para México, quizá porque somos, después de China y Rusia, uno de los tres mayores exportadores de capitales ilícitos en el mundo, según Global Financial Integrity.

En Panama Papers se reconoce una gramática. Primero están los nombres que tienen diversos significados. Aparecen empresarios cercanos al gobierno de Peña Nieto, como Hinojosa Cantú del grupo Higa; empresarios del duopolio televisivo, Salinas Pliego (Azteca) y de Angoitia (Televisa), y otros nombres. Con Higa regresa el episodio de la Casa Blanca, que vuelve a salpicar al presidente porque su contratista preferido movió 100 millones de dólares hacia un paraíso fiscal. “El presidente de México aparece en una lista de 18 mandatarios cuyos familiares o cercanos pidieron el apoyo de ese despacho para crear complejos esquemas financieros con el propósito de esconder su identidad y la ruta del dinero” (Proceso , número 2058). Luego vienen los adjetivos con los que se califica el expediente: aquí llama la atención que la postura oficial fue decir, tener dinero fuera del país “no es delito”, y casi como una obligación se complementó con otra frase, “delito es no pagar impuestos”. En otros países se enfrenta este caso de otra manera, por ejemplo, el presidente Obama señaló que no es delito, pero que ese es precisamente el problema; en Francia pidieron ubicar a Panamá en la lista de paraísos fiscales; en Islandia el primer ministro renunció. En cambio, en la Rusia de Putin, se dijo que se trata de una acción de la CIA. Otra parte interesante son los verbos que acompañan a los Papeles de Panamá, como triangular, esconder, ocultar, lavar, evadir, acciones que atentan en contra de la transparencia y la legalidad. En esos espacios —que permite la globalización de capitales— es donde coincide la acumulación de dinero sucio para el terrorismo, la evasión fiscal, el lavado y el fraude.

Para que ir tan lejos

Aquí en México también tenemos nuestros Panama Papers locales, son los gobernadores y ex gobernadores que han usurpado recursos para construir sus propias fortunas o para desviar el dinero a campañas políticas.

La investigación muestra los circuitos financieros sucios de la globalización y las dificultades para gobernar un mundo en donde las tecnologías y los huecos legales permiten el tráfico de dinero sucio. Es un mapa de transacciones opacas que se mueven con prestanombres y crean empresas de papel, que no existen.

El problema se da en los márgenes de una legalidad deficiente, frente a la que se hacen esfuerzos internacionales, todavía insuficientes, para acotar y transparentar los privilegios del capital sucio. En suma, Panama Papers muestran las debilidades y retos de México para contar con una estructura fiscal fuerte y equitativa, impedir la evasión y, sobre todo, combatir la impunidad de los socios del poder…

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