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Esto es hacer política

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Tuve la oportunidad de leer un mensaje de Luis González de Alba, respondiendo a un correo que le mandó la familia Taibo, donde le piden que firme un manifiesto exigiéndole a Enrique Peña Nieto que regrese a los estudiantes desaparecidos. Él  pregunta: ¿Y dónde los tiene, debajo de la cama? No, el crimen lo cometieron perredistas y da la lista de todos aquellos que en Guerrero han cometido asesinatos y actos de escandalosa corrupción. Hay reacciones favorables y otras contrarias a la actitud del escritor que estuvo preso en Lecumberri y que ha mostrado su enfado y malestar ante los actos de charlatanería de intelectuales y políticos que por extrañas razones son los héroes de miles de personas despistadas y poco críticas o acaso sólo críticas hacia donde su lógica elemental les indica, desde luego, conducidas por medios de comunicación imaginariamente avanzados.

Esa sola polémica, llevada a cabo en las redes sociales, me da una idea de las miles de opiniones que padecemos en materia de política. Imposible ponerse de acuerdo en algunas cuestiones centrales. En lo personal, no veo partidos limpios, dignos y dueños de una teoría y como decía Lenin, sin teoría revolucionaria no hay revolución. En estos momentos vivimos una paradoja, con medios de comunicación poco creíbles, estamos dentro de las redes buscando la “verdad”, allí, donde cada quien se expresa como quiere y puede. Del otro lado de la Luna, la globalización, llevada a cabo luego del aparatoso derrumbe del socialismo, no deja cabida a ideologías que puedan sostener acciones inteligentes contra el sistema político nacional.

Nos rodea y abruma la presencia de partidos turbios y corruptos, ninguno posee una ideología y sí a cambio tienen historiales siniestros, algunos a pesar de su juventud. Veo y escucho por todos lados personas, normalmente jóvenes (soy profesor universitario), que buscan mejorar la fachada, ponerle un poco de pintura, cuando la idea es, debe ser, derrumbarlo para hacer un nuevo edificio, acorde a las necesidades de una izquierda moderna, inteligente y capaz de llevar a cabo las exigencias de las grandes teorías avanzadas.

No parece fácil organizar a la sociedad para modificar el rumbo y desaparecer a los partidos que nos asfixian. Es sencillo insultar al Presidente, lo complicado es proponer proyectos para darle a México un rumbo distinto, especialmente si consideramos la globalización, más poderosa de lo que a simple vista se aprecia. Basta con mirar a nuestro entorno para ver cómo los valores impuestos nos han colonizado. La lucha cuenta con otro enemigo: la idea de poseer una hacienda familiar, de respetar ritos y religiones y de vivir supeditados al televisor que transmite como desesperado teledramas y futbol, programas idiotas, más que ayudar estorban. La publicidad enviada por los medios embrutece, enajena. Los culpables no son tres o cuatro figuras. Es tedioso culpar a Salinas o a Peña como responsables de la matanza de Ayotzinapa. No podemos mentir como lo hace López Obrador. La responsabilidad la tiene un sistema en su conjunto. Y eso es lo que debemos cambiar.

Por ahora tenemos al frente una serie de tareas de titanes. No tiene sentido recurrir a frases gastadas y a ofensas personales, a la destrucción de edificios públicos. Lo que debemos hacer es pensar en la teoría revolucionaria y en la forma en que deja de serlo para hacerse una revolución que modifique realmente el rostro del país. Sólo cuando sepamos del potencial que tiene la sociedad y le ayudemos a despertar, podremos avanzar hacia mejores estratos. Dejemos de imaginar que somos islas y tenemos la razón. Veamos el país en su totalidad. Qué nos ayuda y qué nos agrede.

Vaya suerte

La Suprema Corte de Justicia de la Nación iniciará este miércoles el análisis de la constitucionalidad de tres de las cuatro solicitudes de consultas populares que hicieron igual número de partidos políticos.

La discusión del tema meterá a la Corte en una dinámica de golpeteo político y mediático sea cual fuere el sentido de sus resoluciones.

Durante la sesión plenaria de este día serán discutidos los proyectos de resolución respecto a las solicitudes de consulta respecto a la reforma energética presentadas por separado por el PRD y por Morena, y la relacionada con el salario mínimo presentada por el PAN.Las tres solicitudes pasaron de panzaso la aduana del Instituto Nacional Electoral, que revisó de prisa el cumplimiento del requisito de las firmas de respaldo.

Ahora le corresponde a la Corte calificar la constitucionalidad de las solicitudes y de las preguntas planteadas en estas consultas meramente partidistas, que nada tienen de populares ni de ciudadanas.

A este grupo de falsas consultas populares habrá que sumar la promovida por el PRI para que desaparezcan 100 diputaciones plurinominales, la cual no será discutida en la sesión de hoy.Si como se rumora, la SCJN declara inconstitucionales las dos peticiones de consultas populares relacionadas con la reforma energética, los procesos se darán por concluidos y no habrá tales consultas en el 2015.

Podemos imaginar la reacción del dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador, quien por fin encontrará en esa eventual resolución de la Corte la bandera que necesita para revivir políticamente.

Peor aún si  la SCJN validara alguna de las consultas promovidas por el PRI o por el PAN, o una de las dos.A la SCJN le tocó bailar con la más fea al recibir del Poder Legislativo la difícil tarea de revisar la constitucionalidad de estas cuatro consultas partidistas, todas ellas igual de absurdas y demagógicas.

Y deberá cumplir con esa tarea precisamente en momentos en que está inmersa en un proceso de sucesión interna, pues el actual presidente, Juan Silva Meza, termina su encargo como presidente el 31 de diciembre de este año.

Ojalá que los ministros de la Corte no cedan a las presiones de los partidos políticos o a la estridencia de algunos de sus dirigentes y orienten sus resoluciones estrictamente con base en lo que establece la Constitución.

Dudas razonables

México está viviendo las consecuencias del peor acto de represión contra jóvenes estudiantes que se haya registrado desde la masacre de 1968. Lo sucedido con los 43 normalistas de la escuela Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa es un foco rojo para partidos políticos, gobiernos estatales, municipales y, por supuesto, el gobierno federal.

La agresión contra los estudiantes que ejercían su derecho a la libre manifestación vino de un gobierno de izquierda, de la izquierda política de este país que por años enarboló la bandera contra la represión gubernamental. Ya no hay distinción para los abusos de autoridad (y de castigo a los culpables mejor ni hablamos, porque son los menos) y por ello la sociedad hace evidente su hartazgo y su creciente intolerancia hacia la política y los políticos.

El clamor social a nivel local, estatal, nacional y mundial es el deseo de que esos jóvenes aparezcan con vida y se castigue ejemplarmente a los culpables de su desaparición forzada. La indignación social crece porque, en este agravio para el pueblo mexicano, las indagatorias se han caracterizado por la lentitud, confusión y, de acuerdo con los familiares de los normalistas desaparecidos, hasta con el ocultamiento de hechos. Hay detenidos, fosas encontradas, cuerpos exhumados, pero nada sabemos todavía de los 43 jóvenes desaparecidos. La tardanza y el manejo de la información en las investigaciones inducen a que se produzcan dudas razonables.

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