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Generación del milenio

Opinión-colorErick Zúñiga 

Esta generación de trotamundos incorregibles mantiene costumbres y actitudes muy favorables para el desarrollo del sector turístico. Me parece que constituyen una influencia positiva y constructiva. La OMT y la World Youth Student and Education (WYSE) Travel Confederation han encontrado que el mercado de los jóvenes viajeros es más resistente a los problemas globales como las crisis económicas, conflictos políticos o epidemias, acontecimientos que, a diferencia de lo que sucedería con generaciones anteriores, no los disuadirían de realizar los viajes planeados.

Cuando hablo de su influencia positiva me refiero, entre otras cosas, a otro hallazgo de estas organizaciones, consistente en el hecho de que estos jóvenes gastan alrededor del 60% de su presupuesto en el destino, por lo que sus efectos son visibles y notables en la economía a nivel local, lo cual se acentúa si observamos que la mayoría de los jóvenes evitan grandes cadenas comerciales y prefieren adquirir sus productos de pequeños proveedores locales.

Otro aspecto interesante tiene que ver con lo que yo entiendo como beneficios colaterales derivados de este tipo de turista. Por ejemplo, el hecho de que los jóvenes que radican temporalmente en otro país animan a otros a visitarlos. En Australia, por ejemplo, cada visitante joven que realizó un curso de educación superior fue visitado por un promedio de 1.3 personas durante su estancia, lo que genera otros 1,200 millones de dólares australianos en beneficio de esa economía.

Pero hay otros hábitos que conviene destacar en el caso de esta generación “global y tecnológica”. Por ejemplo, el hecho de que un 43% de los viajeros millennials use su teléfono cada 5 minutos o que el 32% busque convivir con el mayor número de nacionalidades posibles durante su viaje o no menos importante, esa tendencia marcada a conocer y experimentar la vida cotidiana del lugar que visitan, con énfasis en la gastronomía y otras costumbres locales.

De acuerdo al reporte “Amadeus Big Data Report”, los millennials consultan aproximadamente 10 fuentes on line antes de comprar. El 75% de los usuarios tiene cuentas en redes sociales, 83% duerme con el teléfono inteligente al lado de su cama, 84% dice que el contenido generado por otros usuarios influye en sus decisiones de viaje y el 57% actualiza su estado en redes sociales cada día mientras viajan.

Hace apenas unos años los ojos de la industria turística estaban puestos en la generación de los “Baby boomers”, pues representaban una gran oportunidad para la industria al ser personas que llegaban a su edad de retiro y con ello tenían más tiempo y dinero para dedicarlo a viajar. No obstante, surgen ahora los millennials, generación que puede volverse igual o más importante para el turismo que los “Baby boomers”.

Los millennials han sido expuestos a estrategias personalizadas de marketing más que ninguna otra generación en la historia. Y para ello, se ha tomado en cuenta ciertas particularidades de su estilo de vida, como el hecho de que comparten las fotos de sus viajes en las redes sociales de manera inmediata, conectándose el 80% de ellos a diario a las redes sociales. Casi la mitad de los millennials coincide en que las opiniones de boca en boca son de mayor influencia que los anuncios de la televisión y el 75% utiliza aplicaciones de viaje en comparación a un 47% de no-millennials. Su importancia queda clara al observar que se espera que el 2017 será el año de mayor gasto de los millennials.

Una característica común de los millennials es que son consumidores dispuestos a experimentar nuevas tecnologías. Por lo mismo, los hoteles han desarrollado diferentes plataformas digitales, por ejemplo, plataformas de “Check-in” desde dispositivos móviles, los cuales pueden llegar a usarse como la llave de la habitación.

En fin, cambios que modificarán la forma de hacer turismo para siempre, debido a esta generación que bien podría llamarse la generación del milenio.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Defendiendo los derechos humanos

Quizá una de las ideas más consolidadas de nuestros tiempos es el reconocimiento de que todo ser humano debe gozar de las mismas bases de respeto, de la protección básica y elemental de ciertas necesidades que le permitan desarrollarse como una persona libre y autónoma. Es decir, la reivindicación de la dignidad humana a través de los derechos humanos. Me atrevería a decir que a esta idea le sigue un corolario más impactante: el reconocimiento de las mujeres como personas, y por lo tanto beneficiarias de los derechos humanos. Sí bien hace 67 años la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no fue sino hasta hace 22 años en que Naciones Unidas señalo, de forma explícita que los derechos de las mujeres, al igual que los de la niñez y de pueblos indígenas, son derechos humanos.

De esta forma el pasado 10 de diciembre se concluyeron los 16 días de activismo, con la celebración del Día Internacional de los Derechos Humanos, y el lanzamiento de la campaña “Nuestros Derechos. Nuestras libertades. Siempre” para conmemorar el 50 aniversario de dos instrumentos vitales en materia de la defensa y promoción de los derechos humanos: el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. De la misma manera, en el Senado llevamos a cabo las comparecencias, con carácter público, para integrar al Consejo Consultivo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), el organismo rector de la Política Nacional en materia de Derechos Humanos en el país. Siendo elegidas la ex ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación Olga Sánchez Cordero, cuya vocación por la materia es evidente en cada sentencia firmada por ella y Juan Manuel Estrada Juárez, Premio Nacional de Derechos Humanos 2014 por su labor en favor de la defensa de los derechos de la niñez. No puedo dejar de resaltar la enorme responsabilidad que la Ley le confiere al Consejo Consultivo de la CNDH, siendo uno de los más notorios el establecimiento de los lineamientos generales de actuación de la Comisión.

Igualmente, el día 15 del presente, en el Senado ratificamos, junto con 5 embajadores y 2 cónsules, al embajador Juan José Gómez Camacho como representante de México ante Naciones Unidas. Este nombramiento será también una de las claves en cuanto a la defensa y promoción de los derechos humanos en nuestro país, por el papel preponderante de la ONU en el tema. Cabe destacar que el embajador Gómez Camacho fue pieza clave en la creación en 2010, vía la resolución 15/23 del Consejo de Derechos Humanos del Grupo de Trabajo sobre la discriminación contra la mujer en la legislación y en la práctica. En ese momento el actual embajador debió construir una coalición de 7 países para consolidar una iniciativa que fue llamada por la entonces Secretaria de Estado, y actual puntera para la nominación demócrata de su país, Hilary Clinton como “Histórica” y vital para consolidar los derechos de las mujeres dentro del aparato de protección y promoción de derechos humanos.

Estos dos sucesos son muestra de una convergencia entre los intereses en la materia de nuestro país tanto en la esfera nacional como internacional. Es claro que el compromiso de nuestro país por la defensa y promoción de los derechos humanos busca estar en la misma sintonía tanto dentro como fuera del país. Consideró por lo tanto estos dos sucesos son prueba de la dirección en la que la política de derechos humanos de nuestro país se embarcará, es decir una donde la perspectiva de derechos humanos necesariamente se alimente de la perspectiva de género.

Sin duda que la histórica reforma por la paridad que impulsó el presidente Peña Nieto y el reciente compromiso que hizo ante la ONU en favor de la igualdad, han dado más fuerza a la lucha que las propias mujeres estamos dando por la igualdad de condiciones en el acceso a la toma de decisiones.

Campeonatos ganados a pulso

Por muy lamentable que nos pinte el panorama en el 2016, y vaya que hay evidencia acumulable que nos permite vislumbrar así el futuro, tenemos que trabajar cuando menos en dos vías: la de nuestro crecimiento personal y la de nuestra participación cívica.

Ser campeones en corrupción, ignorancia, obesidad y violencia, no es el resultado de una operación en la que los políticos y sus secuaces son los malos que se ensañan contra el pueblo bueno. La fórmula no es tan sencilla ni tan pedestre. Mientras mayor sea nuestra participación en la vida pública, y vaya que hay muchísimas vías para hacernos presentes más allá de los partidos políticos, nuestras posibilidades de no seguir en el top ten de lo peorcito del mundo, se incrementarán. De lo contrario seguiremos viendo cómo nuestro país se desmorona.

Veamos un ejemplo: la obesidad. La mala alimentación que causa esta pandemia no sólo es un asunto de falta de información en el etiquetado de productos, así como de un exceso de publicidad de alimentos procesados y chatarra en los medios, claro que ese aspecto es relevante y hay sectores más vulnerables a padecer las consecuencias de esas políticas contra la salud pública. Pero consideremos también que hay gordos informados que requieren de fuerza de voluntad, de terapia, de grupos de amigos o incluso de organizaciones con planes para ayudarlos a evitar su problema que ni siquiera es económico si lo contrastamos con la “comida y vida cotidiana del México de mediados del siglo XX”. Se trata simplemente de un asunto de convencimiento y participación que implica más esfuerzo que la facilidad de meter al micro una maruchán y destapar una lata de refresco.

En otras palabras, muchos obesos del pueblo bueno (no todos, desde luego y ya establecí límites y deslindes) están así porque no se involucran ni consigo mismos ni con un entorno que tiene ese padecimiento.

Participación ciudadana

En el mismo tenor, consideremos que además de su problema de obesidad, un individuo con sobrepeso tiene que trabajar y las condiciones laborales son cada vez más difíciles (aunque hay gordos con buen poder adquisitivo). En este punto la ecuación se debe replantear: los gordos del pueblo bueno tienen que participar más en su proceso de curación, no todo es culpa del mal gobierno ni de los cien más millonarios de México, aunque gran parte del problema resida en ellos y en sus redes de complicidad.

Si no consideráramos que también hay individuos que revierten su gordura, que socializan su proceso y que se interesan en participar para que otras personas con padecimientos similares salgan adelante, todo estaría perdido. Pero no es así.

Puse ese ejemplo porque me parece perfectamente trasladable a la mayoría de los dilemas que nos aquejan: movilidad, transporte público digno, seguridad, equidad, corrupción, vías de comunicación en buen estado, espacios públicos dignos.

En la medida en la que abandonemos el individualismo y el paternalismo político; en la medida en que seamos más solidarios; en la medida en la que nos involucremos más en los problemas que nos afectan (más allá de los pataleos en redes sociodigitales, que también sirven pero no lo son todo), tendremos mejores posibilidades de éxito como individuos y podremos bajarle rayas a los malos índices.

De tal suerte que mi deseo para que el próximo 2016 sea venturoso está ligado a dos palabras: participación ciudadana. Hay que entrarle ya sin tanto sufrimiento y sin reticencias o nos terminará cargando el payaso.

Y para ser franco observo que cada vez hay más individuos cobrando conciencia de sus derechos ciudadanos. Hay que seguir tejiendo esa red.

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