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Hacer política

Opinión-colorErick Zúñiga

En México, cada vez que ocurre un cambio de cuadros administrativos la opinión pública nacional suele centrar sus preocupaciones en el perfil y relaciones personales de los nuevos titulares, y en especular en torno a las implicaciones que podrían darse en la conducción de los asuntos que son competencia de las dependencias involucradas.

Este juego de especulaciones y adivinanzas ha formado parte de la cultura política mexicana prácticamente desde tiempos inmemoriales. Y siempre ha sido un mecanismo útil para refrescar las expectativas de las élites sobre la mayor o menor movilidad que puede haber para su inserción en la vida política.

De entre las muchas instituciones que conforman el sector público mexicano, sin duda alguna, la Secretaría de Gobernación es la que históricamente ha atraído la mayor atención y sobre la que se han tejido las historias y mitos más complejos y fascinantes.

Fue esta dependencia la que adquirió el carácter de formadora de presidentes y antesala del poder, una vez que el régimen surgido de la Revolución Mexicana dejó atrás su etapa militarista y comenzó lo que vino a conocerse como el civilismo en la vida política nacional.De esta manera, la totalidad de los presidentes mexicanos entre 1946 y 1976 –con la honrosa excepción de don Adolfo López Mateos–provinieron de la Secretaría de Gobernación. De ahí que fuera tradicional considerar al secretario de esta rama como el hombre fuerte en cada sexenio y como el segundo al mando y el sustituto incuestionable del presidente en turno.

Esta condición protagónica de la Secretaría de Gobernación concluiría en 1975, cuando por vez primera el candidato oficial provino de una dependencia del así llamado sector económico de la administración pública federal. José López Portillo ocupaba la Secretaría de Hacienda al momento de ser designado candidato a la Presidencia en ese año.

Durante la administración lopezportillista se creó, además, una institución que demostraría ser excesivamente poderosa y dinámica, lo que la llevaría a desafiar el propio poder presidencial. La Secretaría de Programación y Presupuesto se convirtió, en cuestión de un par de años, en el centro del poder tecnocrático nacional, permitiendo a sus titulares influir en prácticamente cualquier asunto político o económico.

De la así denominada SPP surgió el resto de los presidentes mexicanos del siglo XX. Primero, Miguel de la Madrid, luego Carlos Salinas de Gortari y, finalmente, Ernesto Zedillo, si bien este último fue responsable del cierre y desaparición de la institución en 1992.Pero el poder de la Secretaría de Gobernación no menguaría de forma inmediata por el ascenso de los cuadros tecnocráticos. Se mantendría como un baluarte del poder presidencial y hasta serviría como mecanismo de soporte para asegurar la transición a un régimen más democrático.

Al llegar el siglo XXI, la Secretaría de Gobernación debió enfrentar el dilema de llevar a cabo una metamorfosis profunda y buscar un nuevo perfil que le diera una ubicación estable y proporcional a la importancia de las funciones que tiene encomendadas.Como se recordará, la Secretaría pasó de ser una institución en la que sus funciones se definían de forma extremadamente genérica a fungir como la base organizativa para la creación de nuevas funciones y para la experimentación en áreas de política pública de elevada complejidad.

La Segob también ha sido el laboratorio para la puesta en operación de los instrumentos de las nuevas políticas de seguridad, de protección civil, de migración, y de prevención y erradicación de fenómenos como la discriminación y la violencia contra las mujeres.

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