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Hombres que dejan huella

Opinión-colorErick Zúñiga

La pérdida de una mente brillante, de un ser que dedicó su vida a rescatar la memoria colectiva, para que no olvidemos; a crear conciencia, para que nos duela lo que ha pasado y sigue pasando en nuestro continente; que nos incitó a soñar, para nunca dejar de acariciar la esperanza, siempre es triste, lamentable, y nos deja en un desconsuelo total.

América Latina entera está de luto por la muerte del escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano. Con él se va una historia, una época, un estilo. Sin duda Galeano fue decisivo en la formación de muchas generaciones, pues ayudó a abrir los ojos a aquellos lectores, seguidores asiduos, hacia un mundo más real, más amplio, más desigual, de lo que muchos han podido imaginar. Queda su legado, sus libros, que habrá que leer y releer para no perder esa indignación, del indignado permanente hacia las injusticias que siempre fue Galeano.

Si algo se le reconoció siempre a Eduardo Galeano fue su compromiso permanente, incansable, con diversas causas sociales como la de los indígenas, los negros, los pobres, el trabajo y la dignidad humana, temas ecológicos y de conservación del planeta, sin olvidar su crítica a los aciertos y desaciertos de los gobiernos de izquierda en el continente, así como su postura clara sobre la legalización de las drogas en América Latina; un compromiso que quedó plasmado en cada una de sus palabras, ya fuera en conferencias, artículos para revistas o periódicos y en sus libros.

Galeano fue la puerta hacia un conocimiento más profundo de lo que es y ha sido América; condenaba al neoliberalismo al tiempo que soñaba con un socialismo real. Su trabajo, lleno de un compromiso social irrebatible, es y será un ejemplo de dignidad, coherencia y un profundo amor hacia el ser humano.

Sin duda, Las venas abiertas de América Latina, una de sus obras emblemáticas y una lectura obligada para el estudio político de la región, pues nos habla de la historia del despojo de sus recursos naturales y su relación con países como España y Estados Unidos. Galeano fue un firme convencido de que América Latina no solo fue despojada de sus recursos sino que también le usurparon su memoria y en su trilogía Memoria del fuego deja constancia.

Gracias a su amenidad, soltura e ironía tanto en éstas, como en varias de sus obras, nos lleva de la indignación a la concientización. Sus historias despiertan conciencias, y el mejor homenaje para el escritor quizás sea, no quedarse en la indignación sino hacer de la utopía una realidad, al tiempo de contagiar a las nuevas generaciones de esta visión.

A Galeano le agradeceremos siempre su compromiso incansable a favor de la justicia, la libertad y la igualdad. Su pensamiento crítico, pero a la vez, original y profundo. Sus enseñanzas, visión, ejemplo, no solo deben sobrevivir en nuestra memoria ni en sus escritos.

En su obra de más de 40 títulos, podremos disentir de sus visiones, pero no le podemos regatear el mérito de mostrarnos nuestra realidad histórica y contemporánea con una minuciosa precisión y con un lenguaje comprensible a cualquier lector. Galeano tenía una capacidad inigualable para despertar conciencias o al menos, generar intranquilidad y no volver a ver al mundo con los mismos ojos.

Ojalá y cada día conozcamos más galeanos que se indignan sí, que despiertan conciencias, pero que también tengan esa sensibilidad para entender los tiempos que se viven, que llamen a la reflexión y a establecer un compromiso de trabajar para lograr los cambios que un día se soñaron.

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