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Indignación

 

OpiniónEl asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril y cuatro mujeres, entre ellas Nadia Vega, activista de Veracruz, el pasado viernes 31 de julio en la colonia Narvarte, es un evento que indigna y preocupa. Por la naturaleza de quienes perdieron la vida en este hecho, podemos decir que se trata de un atentado contra la libertad de expresión, la defensa de los derechos humanos y, además, una afrenta a las mujeres. Un multihomicidio como éste no puede quedar impune. Las autoridades judiciales deben actuar con la máxima celeridad y transparencia.  Los autores intelectuales y materiales deben comparecer ante la justicia.

Los móviles pueden ser varios, pero hay fundadas sospechas de que hay un trasfondo de persecución y encono. Buscando ejercer su profesión Espinosa Becerril, emigró a Veracruz: Laboraba como “Freelance”.  Trabajó para el periódico El Golfo Info. Estuvo en el equipo del entonces candidato del PRI a gobernador, Javier Duarte. Posteriormente colaboró con la alcaldesa del puerto de Veracruz, Elizabeth Morales. Colaboró con la revista Proceso y la agencia Cuartoscuro. Le gustaba hacer coberturas de los movimientos sociales y era conocido por denunciar los abusos de que eran víctimas los periodistas en ese estado.

Para nadie es un secreto las difíciles condiciones en las que se desarrolla el trabajo de los medios de comunicación por aquellos lares. De 2010 a la fecha 13 periodistas han perdido la vida. Por tal motivo, hizo bien el Procurador del Distrito Federal, Rodolfo Ríos Garza, al declarar: “Queda muy claro que se encuentran abiertas todas las líneas de investigación; incluyendo por supuesto los datos que tenemos de la entidad de Veracruz donde [Rubén] de-sarrollaba la actividad de periodista”.

No es casualidad que este joven fotógrafo haya salido huyendo de aquella entidad federativa: “Me tuve que venir en un contexto de violencia que se vive contra los comunicadores en Veracruz; por intimidaciones, no una agresión directa como tal, pero por sentido común; me da mucho coraje, tristeza y dolor”.

Ahora sabemos, desgraciadamente que, de poco le valió dejar Veracruz. Sea por causa directa sea por causa indirecta, el asunto es que su huida lo condujo a la muerte. Espinosa Becerril había captado con su cámara fotográfica, además de los excesos cometidos contra sus colegas de la prensa, agresiones a estudiantes por parte de presuntos miembros de la Secretaría de Seguridad local. Sobre estos atropellos afirmó: “En Veracruz no hay Estado de derecho, tan es así que no hay justicia por ningún compañero asesinado.” Ya estando en la capital de la República, según lo que le dijo a sus amigos, alguna persona se le acercó para preguntar si era él quien había abandonado Veracruz para esconderse: “Dirán que estoy paranoico pero siento que me andan siguiendo.” Pues no. No sufría delirio de persecución. Efectivamente andaban tras de él.

Han sido innumerables las organizaciones de la sociedad civil, nacionales e internacionales, así como agrupaciones de periodistas, que se han pronunciado en contra de estos crímenes y a favor de que se encuentre a los responsables y que comparezcan ante las autoridades competentes.

Es inaceptable que hechos como los registrados en la colonia Narvarte queden impunes. Menos aún con los antecedentes que provocaron la salida de Rubén de Veracruz. Ya las autoridades judiciales se encargarán de las investigaciones y, espero, de fincar responsabilidades. Pero mientras tanto allí está el desafío lanzado por los criminales contra la libertad de expresión, los derechos humanos, la dignidad de la mujer y, en general, el Estado de derecho y la democracia. Es un atentado contra quienes perdieron la vida, una ofensa a sus familiares y amigos y un agravio a una sociedad que quiere vivir de acuerdo con las reglas fundamentales de la civilización.

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