Inicio / OPINIÓN / Jugada cicatera

Jugada cicatera

Opinión-colorPor: Erick Zúñiga

El Centro Nacional de Huracanes del Estados Unidos captó la depresión tropical “Patricia” desde su formación, a 715 kilómetros al este-sureste de Acapulco. Las condiciones ambientales en esa zona propiciaron que el temporal pasara a la categoría de huracán el 21 de octubre; entonces adquirió el nombre Patricia. Al día siguiente se inició una fase de rápida intensificación; el avión caza-huracanes que lo siguió, indicó que había alcanzado la categoría cuatro en la escala Saffir-Simpson. Para el viernes 23 de octubre, los satélites habían detectado en la parte superior del ciclón vientos de hasta 390 kilómetros por hora. En cuestión de horas había pasado a la categoría cinco. Se alertó de su extrema peligrosidad, “con efectos potencialmente catastróficos”. Patricia tocó tierra a las 23:15 horas a 85 kilómetros al oeste-noreste de Manzanillo, Colima, con vientos sostenidos de 265 kilómetros por hora.

Un hecho de tal magnitud, cuyos efectos meteorológicos, aún no terminan, fue captado no sólo por el Sistema Meteorológico Nacional de México, el CHN de Estados Unidos, sino por los Centros e Institutos del mundo entero. ¿Cómo debía proceder el gobierno mexicano? Pues, por supuesto, atendiendo las advertencias de los científicos nacionales y extranjeros. Instrumentando las medidas conducentes para proteger a la población civil, según lo marcan los protocolos respectivos en coordinación con los gobiernos estatales y municipales. Y así fue. No hubo pérdidas humanas que lamentar aunque sí una cauda terrible de daños materiales.

Por supuesto que los medios de comunicación, nacionales y locales, le dieron la mayor cobertura a la emergencia, reportando la información proveniente del Servicio Meteorológico Nacional, de la Coordinación Nacional de Protección Civil, en los estados y municipios que serían golpeados por el temporal; llamando a la población a atender las medidas de seguridad. Fue un despliegue logístico de gran alcance: se habilitaron 1,782 albergues en los estados de Colima, Jalisco, Michoacán y Nayarit. Se instaló un Comité Nacional de Emergencias y se declaró en máxima alerta al Ejército Mexicano, a la Marina Armada de México y a la Cruz Roja.

El huracán Patricia hizo eco en todo el mundo. Los medios de comunicación internacionales presentaron al ciclón como el más poderoso del que se tenga registro en el hemisferio occidental. Allí están los titulares y contenido de: The New York Times, El País, Clarín, The Washington Post, O Globo, Le Monde, Il Corriere della Sera, Spiegel, BBC News y CNN.

Afortunadamente, varias circunstancias ayudaron a que la tragedia no fuera mayor: la capacidad de reacción con la que el gobierno y la sociedad respondieron a la amenaza; Patricia tocó tierra en una zona despoblada; el centro del meteoro, al tocar tierra, comenzó a llenarse de nubes y a perder fuerza; la disposición natural de la Sierra Madre frenó el embate del meteoro.

No obstante, hay quien pensó en la rapiña política: sacar raja del drama, pero se equivocó. Por eso ahora dicen que Patricia fue mentira.

Las evidencias no cuentan. En México, como no les salió la jugada cicatera, introdujeron la especie, en las redes sociales, de la inexistencia del meteoro. Por absurdo que parezca, hay quien se tragó el cuento de que el huracán no haya sucedido o, dicen: sí fue un ciclón, pero la alharaca que se armó no fue para tanto. La verdadera magnitud que alcanzó no ameritara poner el grito en el cielo. La alerta fue una exageración. Lo que sucede, según estos incrédulos cibernéticos, es que Peña Nieto aprovechó la ocasión para realizar una puesta en escena, aparentar que el asunto era grave, ir al rescate de la gente en desgracia, y vestirse de héroe. El cometido fue, de acuerdo con la versión de los detractores instantáneos, “montar un teatrito”, para distraer a la gente de los verdaderos problemas que aquejan a la Nación.

Es la misma estrategia que han venido utilizando los grupos maximalistas para atacar no sólo al gobierno, sino a la democracia liberal forjada en el país, por lo menos desde 1968. Es la táctica de la mentira que se expresa en frase como “fue el ejército”, “fue un crimen de Estado”.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Se subestimó la estupidez

En opinión de muchas personas, detrás de una gran noticia siempre hay una conspiración. Sin embargo, dicen los que saben que el uso de esta teoría es la manera más sencilla —pero a la vez menos rigurosa y analítica— de explicar los acontecimientos. Ejemplos hay muchos, y en redes sociales se expresan comentarios que tratan de demostrar las supuestas cortinas de humo que tenderían la mafia del poder y los gobiernos en el mundo. La lista va desde la noticia de la muerte del líder terrorista Osama bin Laden —y la presunta creación del personaje por parte de Estados Unidos— y el asesinato de la princesa Diana a manos de la Corona Británica, hasta el resiente rayo huracanizador del presidente Enrique Peña, quien pareciera tener el poder de crear y desaparecer fenómenos meteorológicos en instantes. Todo lo anterior hace preguntarnos si el lingüista Umberto Eco está en lo correcto cuando habla de que las redes sociales dan canales de expresión a legiones de idiotas que ahora tienen el mismo derecho de emitir su opinión que un premio Nobel. Pero mejor vamos por partes:

Sí existen las conspiraciones. Lo que hay que distinguir es el uso neutral de la palabra. La idea general es que un grupo de personas se juntan en secreto para ocultar una ilegalidad o un escándalo. Sin embargo, es muy complicado generar un consenso entre todos los actores involucrados en un hecho noticioso: el gobierno, la oposición, la prensa y un largo etcétera. En otras palabras, todos están coludidos. El trabajo de la CIA y del CISEN en nuestro país es conspirar institucionalmente, lo que no significa que todos sus intentos sean exitosos, como lo documenta el periodista Tim Weiner en La historia de la CIA, en el que refuta que la inteligencia pueda evitar las guerras. Sun Tzu, en El arte de la guerra, sostiene que un ejército sin espías es como un hombre sin ojos y sin oídos.

¿Por qué surgen? Al menos hay tres explicaciones: 1) Poca credibilidad al azar. Los grandes eventos necesitan grandes explicaciones. No es creíble que un asesino común y corriente haya matado a John Lennon o a Luis Donaldo Colosio, pues por ser figuras públicas tendría que existir una explicación amplia en la que se muestre a los presuntos culpables. 2) Vacíos de información. Ante la escasa información oficial de las autoridades, se generan silencios que son ocupados por supuestos analistas para corear mitos. 3) Ataques políticos. La crítica periodística y partidista se ha caracterizado por tener una narrativa dogmática, a través de la cual todo acto de gobierno es inmediatamente descalificado por la exagerada reacción del Presidente. Sin embargo, también se les cuestiona si salen mal las cosas por su escasa reacción.

En México. En el caso del huracán Patricia, los teóricos de la conspiración llaman desde a pensar —por nombrarlo de alguna manera — que este fenómeno fue manipulado para vender terrenos en las zonas más afectadas a corporaciones extranjeras, o que se pagó a los gringos para que manipularan el clima. A estas barbaridades se suman las versiones de que la gasolina subirá cuatro pesos, y que la carne procesada condena a padecer cáncer, entre muchas otras. Algunos usuarios advertían: “¡paren de desinformar!; luego no se quejen porque Umberto Eco dice que las redes sociales dan voz a una legión de idiotas”.

Manuel Castells afirma que los medios no son el poder, sino el lugar donde se forma el poder. En diferentes foros ha comentado que Umberto Eco no entiende nada de Internet, a lo que agrego que, mientras más personas estén informadas por diferentes fuentes de los sucesos actuales, será menos probable que triunfen las teorías parroquiales. Para el escritor Adolfo Bioy, “el mundo atribuye sus infortunios a las conspiraciones y maquinaciones de grandes malvados —a lo que agregaba—; entiendo que se subestima la estupidez”.

 Más les vale darse cuenta

Lo que pasa en Oaxaca es que los activistas continúan jugando un juego que ya terminó. Por esa razón de pronto todo les sale mal. Pierden cuando antes, en el otro juego, siempre ganaban. Se llevaron varias temporadas invictas, sin derrota. Llegaron a dominarlo mejor que nadie. Era una combinación de extorsión política y alzamiento popular, sobre la línea de la revuelta. Los maestros ganaban porque eran a la vez juez y parte, empleados y empleadores. Hacían lo que querían en la oficina y en la calle. Controlaban la nómina, era suyo el presupuesto y también la ofensiva política. Por eso les tenía sin cuidado lo que sucediera en los salones de clase. Si sus alumnos aprendían algo bien, y si no pues ni modo.

En el otro juego, los activistas estaban sujetos a un complejo mecanismo de premios y castigos vinculado al activismo político, no al trabajo docente. Por eso, porque supone un cambio inusitado, ayer se ubicó en el espacio principal de nuestro periódico la nota de que la Secretaría de Educación Pública, aplicó descuentos a los maestros que no se presentaron a trabajar. Dicho de esta manera parece un trámite burocrático de rutina. En cualquier empleo el que no trabaja no cobra, es la regla. No obstante, se fue a primera plana porque los maestros afiliados a la coordinadora nunca les descontaban si no asistían al salón a dar clases. Les descontaban si no acataban las órdenes de sus líderes de marchar, hacer plantones o mítines. Eso terminó.

Hoy hay otro juega con reglas diferentes y a los maestros no les ha caído el veinte. No sólo eso, varios líderes fueron detenidos y ya pasaron la noche en prisión. No digo que los descuentos o las capturas generen jolgorios, nada de eso, no es ocasión de festinar, pero lo cierto, y nadie puede olvidarlo, es que los activistas y sus cómplices se han pasado muchas veces de la raya. Los hemos visto, docena de ocasiones vandalizando edificios públicos, asaltando cambiones repartidores, agrediendo a los pocos policías que se atrevían a salirles al paso. El gobierno federal está jugando a otra cosa, más les vale a los maestros darse cuenta.

Salud impagable

En el mercado farmacéutico, los tratamientos para padecimientos hepáticos son uno de los segmentos más competidos. Los líderes en este mercado son Roche con Pegasys para el tratamiento de la hepatitis y Merck Sharp & Dohme con Pegintron, los dos desarrollados a partir de interferón, dirigidos a contrarrestar el virus que provoca la Hepatitis crónica tipo C.

Se calcula que en México, cada año, 35,000 personas necesitarán un tratamiento para enfrentar al virus de la hepatitis C. Se estima que, hasta la fecha, al menos 5 millones de mexicanos se habrían contagiado. Muchos de ellos no lo saben.

En el sector público, las compras de fármacos con interferón representan un mercado millonario. El gobierno federal a partir de estrategias planteadas por la titular de la Secretaría de Salud, Mercedes Juan, tendría que invertir recursos incrementales en este tipo de medicamentos.

Janssen Cilag tienen una propuesta más agresiva aunque extremadamente costosa. Se trata del fármaco Olysio que ya recibió la aprobación de la FDA y de la Cofepris. Olysio es uno de los fármacos más potentes para tratar la hepatitis C. La eficacia de este fármaco aumentaría a un 75 por ciento con un menor nivel de toxicidad. Una promesa nunca antes presentada por la industria farmacéutica al agregar una molécula respecto al interferón, un antiviral. Su eficacia puede ser del 90 por ciento.

Pero Janssen no tiene el camino libre en el nuevo mercado de súper fármacos contra la hepatitis C. En diciembre pasado, la FDA también le dio el visto bueno a la compañía AbbVie, que se ha especializado en biofármacos, para comercializar su medicamento Viekira Pak, un tratamiento contra la hepatitis crónica libre de interferón. Viekira Pak es el único fármaco aprobado por la FDA con tres mecanismos de acción.

El problema México es el costo de estos medicamentos que podría inhibir su ingreso a los catálogos de fármacos que adquiere el sector público de salud. El costo de un tratamiento para un paciente crónico podría oscilar entre 700,000 y un millón de pesos. ¿Quién podrá pagarlo?

Revisar tambien

Asentamientos populares o informales

OLYMPUS DIGITAL CAMERA Andrea Liliana Gonzalez ¿Alguna vez te haz preguntado en dónde vive la ...