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La historia que le precede

Opinión-colorErick Zúñiga

Hoy que se habla tanto de las candidaturas independientes, conviene recordar que en México hay toda una historia detrás de este concepto. Por ejemplo, entre los candidatos independientes a la Presidencia de la República más emblemáticos se encuentran: José Vasconcelos, quien en 1929 fue postulado por el Partido Nacional Antirreeleccionista; Juan Andreu Almazán, el cual en 1939 fue impulsado por el Partido Revolucionario de Unidad Popular; el General Miguel Enríquez Guzmán, quien en 1952 fue heraldo de la Federación de Partidos del Pueblo de México; Cuauhtémoc Cárdenas, quien reunió a los partidos de izquierda en el Frente Democrático Nacional. Todos estos casos, salvo el de Almazán, fueron desprendimientos del tronco de la Revolución mexicana por discrepancias con el poder en turno. Vasconcelos, específicamente, representaba una opción distinta de “grupo Sonora”, y, en especial, de Plutarco Elías Calles que entonces se había erigido como el “Jefe Máximo”. Enríquez era un militar con méritos ganados en el campo de batalla. Se sintió desplazado por la élite, la cual prefirió postular a Adolfo Ruiz Cortines. Eran los años de formación del régimen autoritario. En el caso del Ingeniero Cárdenas, esa candidatura común, pese a que no se reconoció su triunfo, abonó a la democratización del país.

Otra postulación digna de ser recordada es la del Dr. Salvador Nava. Se trata de una figura local que, por su fuerza, tomó relevancia nacional. Vale decir, en 1958, Nava buscó la Presidencia Municipal de San Luis Potosí teniendo el respaldo del Partido Demócrata Potosino. Más tarde, en 1991, trató de ser gobernador de su estado con base en una coalición de partidos, PAN, PDM y PRD. Fue víctima del fraude electoral. Pero dejó constancia de la insurgencia democrática que en esos años se dejó sentir en varios lugares de la república: Chihuahua, Yucatán y Baja California.

Lo que quiero resaltar aquí es que las candidaturas independientes durante mucho tiempo fueron un acicate para la democratización y la consolidación del sistema de partidos. Luego ese tipo de candidaturas, prácticamente, quedaron en el olvido. Aprovechando la novedad del nuevo sistema plural y de la efectividad del sufragio, las postulaciones se llevaron a cabo dentro de los partidos. Pero he aquí que ahora se han puesto de moda, sólo que en un contexto diferente: como alternativa frente a los partidos políticos. Incluso, como franca animadversión contra la política tout court. En respuesta a los excesos de lo que se ha dado en llamar “la partidocracia.” Así “es como se ha conseguido una creciente aversión antipolítica de los electores en relación con la clase política en su conjunto, percibida sin matices como una casta abusiva y parasitaria.” (Luigi Ferrajoli, Los poderes salvajes, Madrid, Trotta, 2011, p. 60).

Es curioso observar la manera en que a veces la historia pone las cosas al revés: si en un primer momento las candidaturas independientes sirvieron para impulsar el proceso de institucionalización y, en especial, la institucionalización de la democracia; ahora tenemos el efecto contrario, esto es, las candidaturas independientes están sirviendo para desinstitucionalizar a la democracia; para regresar a la personalización de la política.

Lo peor del caso es que algunos, con poco sentido de responsabilidad histórica y moral, festinan este proceso degenerativo. Se alegran que vayamos rumbo a sistemas populistas, como los que inauguraron Silvio Berlusconi en Italia o Hugo Chávez en Venezuela. La verdad, yo no comparto esa alegría. La democracia, aún en sus peores versiones, es superior al mejor de los populismos que, a fin de cuentas, es una dictadura disfrazada.

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