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Perfeccionarla o aniquilarla

Opinión-colorErick Zúñiga

El domingo pasado, 5 de abril, comenzaron las campañas electorales con vistas a renovar 2 mil 179 cargos de elección popular; es decir, 500 diputaciones federales; 9 gubernaturas, 17 congresos locales y 993 ayuntamientos. En el Distrito Federal elegiremos una nueva Asamblea Legislativa y cambiaremos a los 16 delegados.

Son varios los elementos que, jurídicamente, se incorporarán en estas elecciones. Por ejemplo, tradicionalmente los comicios en nuestro país se realizaban el primer domingo de julio; ahora se llevarán a cabo el primer domingo de junio. Hay una nueva legislación en materia electoral, esto es, la que fue aprobada con el consenso de los partidos políticos para crear el Instituto Nacional Electoral, que ahora podrá tener injerencia en las elecciones estatales y municipales en coordinación con los Organismos Públicos Locales.

En términos políticos estas elecciones se traslapan con las consecuencias de la desaparición y asesinato de 43 estudiantes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, hecho que ha sido tomado como bandera política por grupos como la CNTE y la CETEG. Su propósito, como es del dominio público, es evitar que se realicen los comicios del 7 de junio. El argumento es que, supuestamente, no existen condiciones para llevar a cabo un ejercicio de esta naturaleza.

En realidad la CETEG y sus simpatizantes no creen en la democracia representativa; han encontrado en esta coyuntura la oportunidad para poner sobre la mesa la alternativa que ellos llaman “democracia popular”. Se trata del viejo concepto marxista de la “dictadura del proletariado”, derrotado históricamente por los acontecimientos de 1989 en Europa del Este. No olvidemos que los pueblos de aquella región se levantaron contra el totalitarismo estalinista y buscaron recuperar la democracia representativa que ahora estos “revolucionarios guerrerenses” quieren cancelar.

Con argumentos tan endebles y trasnochados no han logrado convencer; por eso, y porque la causa insurreccional así lo dispone, han optado por la violencia. Entre las tropelías cometidas por los cegetistas la más grave ha sido, en mi concepto, la quema del Congreso del Estado de Guerrero, el 12 de noviembre de 2014. Y lo es porque sólo encuentra parangón con el incendio del Reichstag, perpetrado por los nazis el 27 de febrero de 1933. Ese evento dio paso a la tiranía de Adolf Hitler. Y es que los extremos se tocan: los totalitarismos de izquierda y de derecha coinciden en el odio contra la democracia liberal. En este caso, el nazi-fascismo de izquierda practicado por la CETEG y sus aliados lleva consigo el rechazo al voto ciudadano, al sistema de partidos, al orden constitucional, al respeto a quien piensa de otra manera, a la convivencia pacífica y civilizada.

Convengamos en que en estas elecciones también hay objeciones más light contra el sistema de partidos: están llamando, pacíficamente, a no votar o, en todo caso, a ir a las urnas para depositar el voto en blanco como muestra de rechazo a todos los partidos, como si esos institutos políticos fueran iguales o pudiesen caber en un solo costal.

Ciertamente, esta defensa de la democracia representativa no debe ser tomada como un llamado al conformismo. Por el contrario, muchas cosas deben combatirse dentro de la democracia: la corrupción, la opacidad, las desigualdades sociales, la tendencia a la oligarquización, la violencia. Otras más deben mejorarse: las oportunidades económicas, la educación cívica, los derechos humanos, la igualdad de género, el fortalecimiento de la sociedad civil, el control sobre los representantes y gobernantes.

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