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Por los derechos humanos

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

La democracia liberal, tal y como la hemos conocido a partir de la Revolución Francesa y la Guerra de Independencia norteamericana, asume a los derechos humanos como el eje rector de la organización política de las sociedades contemporáneas.

En el decurso de los últimos dos siglos, los valores de la libertad y la igualdad han sido enarbolados una y otra vez para fundamentar luchas legítimas de liberación, pero también para justificar excesos desde los cuales se buscó aniquilar o asediar a quienes son o han sido considerados como “enemigos de la democracia”.

Esto ha sido así, con base en la lógica del poder que prevalece en Occidente y desde la cual, la ideología y valores del liberalismo resultaron plenamente compatibles, y sobre todo, funcionales al modelo de producción y explotación capitalista.

Si se piensa con estricta racionalidad crítica, el capitalismo de hecho requiere a las nociones de la igualdad y la libertad como condiciones necesarias para su funcionamiento. Si las personas no son iguales formalmente, la lógica aspiracional no puede prosperar; es decir, la idea de que podemos consumir al infinito en una sociedad jurídicamente desigual y estratificada impediría la producción infame a perpetuidad, e impondría límites a la capacidad de consumo.

Lo importante en el capitalismo es que todos puedan comprar hasta el hartazgo; que están facultados para consumir por igual –aunque esto constituya una de las más grandes mentiras en la historia-, y que en todo momento pueden aspirar a “un poco más”.

Del otro lado, la libertad, como condición también necesaria del capitalismo, implica la posibilidad del derecho a la propiedad. En la Grecia antigua, sólo los propietarios eran considerados como libres; en el capitalismo se trastrocó este principio, y lo vigente es que al ser todos libres, entonces todos pueden también poseer por igual.

Es evidente que la vigencia de estos principios ha posibilitado grandes avances en materia de la defensa histórica por la libertad y la igualdad en diversos ámbitos y niveles. Por ejemplo, la lucha contra el apartheid en África; la reivindicación y las conquistas de los derechos de las mujeres; la reivindicación y conquistas de grupos de población minoritarios, son sólo algunos ejemplos de la relevancia de la vigencia de estos principios.

Sin embargo, queda un tercer elemento que fue reivindicado en la Revolución Francesa, y que después fue olvidado, quizá porque precisamente va en contra del espíritu rapaz del capitalismo vigente: la fraternidad. Es decir, si hay un dique ético e ideológico que podría hacerle frente a la lógica consumista es el de la solidaridad con los demás y la responsabilidad ecológica.

Esto es, si el valor de la fraternidad tuviese la misma vigencia que los de la libertad y la igualdad, entonces el deseo refrenado de poseer cosas y riquezas, aún a costa de los demás, enfrentaría un muro ético de dimensiones considerables. ¿Cómo explotar el trabajo ajeno, si hubiese un mandato moral social de ser en todo momento fraternos y solidarios?En un escenario así, lo que podría imponerse tal vez, es la racionalidad de la equidad; lo cual significaría promover el crecimiento y el desarrollo compartido con criterios de justicia y equidad. En eso no se equivocaba la idea enarbolada por el socialismo de Marx y otros: la de generar riqueza para promover el bienestar y la felicidad de todas y todos.

Desde esta perspectiva, si hay un discurso (entendido como un marco teórico-jurídico e ideológico) capaz de subvertir el orden de desigualdad y expoliación en que vivimos, éste es el relativo a la exigencia del cumplimiento universal de los derechos humanos.Hacerlo así implicaría apostar por el espíritu libertario, de equidad y fraterno, enarbolado por los liberales de los siglos XVII y XIX.

Crisis de comunicación

Sin el menor asomo de duda, la información pública, lo que ahora llaman la comunicación social, se ha convertido en el talón de Aquiles del presidente Enrique Peña Nieto, que se ha mantenido precariamente a la defensiva en el caso de Ayotzinapa, pero también en hechos anteriores, como la difusión de su iniciativa energética.

Como ejemplo de mala promoción, está la página a todo color en los principales diarios capitalinos, en la que se observa a un señor perfectamente trajeado, sonriente, con un letrerito que anuncia su calidad de profesor, naturalmente ni SNTE ni mucho menos CNTE, pero que satisfecho dice entender las intenciones de la tal reforma, pero sin citarlas.

Con informaciones de un especialista del Banco Mundial, a título personal, encontramos que en la etapa actual del mundo no es posible concebir la comunicación entre gobiernos y gobernados, sino a través de los novedosísimos sistemas conocidos como la red. Para entenderlo mejor:

Chip Torres es un joven mexicano que para ganarse la vida despacha detrás de un mostrador repleto de chácharas electrónicas en un mercado de tantos que existen en Estados Unidos y donde hay decenas de puestos parecidos. Su vida sería como la de cualquiera, a no ser por su éxito en la red.

De prosa fácil y vulgar, Torres editó hace meses un video musical y lo publicó en YouTube. El video, “Te voy a dar un Byte”, lo hizo una celebridad nacional e internacional, y a la fecha se ha visto más de tres millones de veces, lo que rivaliza con otros “posteados” en la misma red por cantantes “comerciales”.

El éxito de Chip Torres hizo que muchas y muchos más lo imitaran y no necesitó de concursos de aficionados, programas de radio, disqueras, compañías televisoras o que lo descubriera un productor. Lo único que usó fue ingenio y la red informática mundial.

Chip, usted o yo no necesitamos saber cómo funciona esta red descentralizada de información para propagar lo que se nos dé la gana sin temor a consecuencia; el único requisito es el acceso, lo que en teoría nos pone en igualdad con cualquier empresa, gobierno o partido político.

Impacto de redes sociales

Sabedor de la baja cantidad de lectores de diarios en México, el ex presidente Adolfo Ruiz Cortines confió a un directivo periodístico una información muy importante, y ante la inquietud de su interlocutor, el mandatario le recomendó: “publíquelo, pero no se lo cuente a nadie”.  Hoy en día con la existencia de Twitter, Facebook, blogs, mensajes de texto, eso es impensable.

Ejemplo reciente, lo demuestra la tragedia de Iguala, donde los críticos del gobierno federal y del de Guerrero han inundado la red con post y acusaciones falsas ante la lenta respuesta del gobierno de Peña Nieto.

Facebook y Twitter se vieron inundados de opiniones, fotografías editadas e información falsa como la del Presidente recibiendo libros de una niña a su llegada a China, en vez de las flores que mostraba la foto oficial o la de camiones del Ejército mexicano ocupando el Zócalo, o el reporte de 31 estudiantes desaparecidos de una escuela de Cocula de TV France24, entre otras.

Otro ejemplo fue el uso de un comentario del procurador general Jesús Murillo Karam, al final de una conferencia de prensa,  donde dijo: “Ya me cansé” sacado de contexto y creado “tendencia”; estuvo en primeros lugares de búsqueda de Twitter varios días.

La manipulación de informes falsos es una táctica para prolongar el incendio de indignación que causa la tragedia de Iguala y canalizarla hacia las autoridades, sin importar los colores del partido que porten. Asombra la lenta respuesta del gobierno a los ataques cibernéticos cuestionando su legitimidad y la del Presidente.

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