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Tendencias mexicanas

 

Opinión-colorErick Zúñiga

Para el más rancio marxismo, interpretado por el estalinismo, el pragmatismo es una escuela filosófica creada en los Estados Unidos a finales del siglo XIX por Charles Sanders Peirce, John Dewey y William James. Su concepto de base es que sólo es verdadero aquello que funciona. La palabra pragmatismo proviene del vocablo griego pragma que significa “hecho” o “acto” (situación concreta).

Algunos lo veían como “la filosofía de la vida”. Fue una tendencia conservadora que tuvo un eficaz promotor en William James. Era considerada claramente como una ideología seria y positiva. Los comunistas de viejo cuño la vieron siempre como un enemigo de las ideologías más avanzadas y tenía un sinnúmero de propuestas y formulaciones. Era, en suma, una teoría con pretensiones. Hoy, para su desgracia, sólo es una filosofía de la vida barata, es un hacer lo que se necesita por mantenerse lejos de las ideologías más serias (ninguna ha muerto, están en todas partes en reposo). Es darle a la política una utilidad “práctica” que conduzca al éxito dejando de lado las teorías más elaboradas para que las sociedades adquieran un rumbo más justo y positivo.

En tal sentido, todos los políticos mexicanos son pragmáticos y ni siquiera tienen como característica el pragmatismo norteamericano, sustentado en valores patrioteros y de escaso o nulo valor ideológico. Es el grado de bienestar lo que cuenta, es Dios que les dio un enorme país (conquistado, extendido y fortalecido por las armas) y que está destinado a conducir al planeta. La ciencia ficción refleja esta triste realidad de graves tendencias individualistas: siempre un norteamericano salva a la humanidad.

El pragmatismo a la mexicana es peor. Es una tendencia subdesarrollada, como el país en su conjunto. La llevan todos los políticos. Lo que desean es estar en el poder sin que los principios o las ideologías importen. Todo esto creció con celeridad a partir de la existencia de una oposición de apariencia anti priista, de izquierda y de derecha. El tema es largo y polémico. Pero los hechos jamás dejan de llamarnos la atención, salvo a aquellos comunicadores que son asimismo malos periodistas y para colmo no les parece extraño que un político vaya de un partido a otro, sin méritos ideológicos, sólo impulsado por los deseos de poder y todo lo que eso implica: básicamente recursos económicos.

Esto viene a cuenta por la praxis habitual de todos los políticos mexicanos. El más priista o el más panista o el más perredista o el más morenista, es capaz de modificar su devoción por su partido antiguo y pasar a otro y a otros sucesivamente siempre siendo pragmáticos. Allí está Rosario Robles, quien amerita un análisis no político sino psicológico porque mezcló política y amor en una sola causa. No pensaba más que como una izquierdista radical de viejo estilo. Sin embargo, rehízo su carrera con creces en el partido que más odió en su juventud: el PRI. Ahora habla como tal, cita inalterablemente las disposiciones y los logros del señor presidente, calca, pues, del más puro y patético priismo. Algunos la ven como aspirante a gobernar de nuevo a la capital. Podría ser, sería y lo digo sin bromas, una buena gobernante.

Pero más llama la atención su hija, Mariana Moguel Robles, nacida en el seno de una familia de izquierda sectaria y que al dar sus primeros pasos políticos estaba en el PRD. Luego, en los malos tiempos, apoyó a panistas y ahora no solamente está en el PRI sino que los expertos la mencionan como la mujer que salvará al priismo capitalino de la total bancarrota. De hecho se mueve en ese sentido. Columnistas y articulistas ven eso como un hecho natural y esto es así porque en efecto perdimos los valores y el orgullo de una militancia ideológica seria y la posibilidad de repensar las utopías que modifiquen a la nación, para bien, desde luego. Pragmático es López Obrador y Margarita Zavala, pragmático es Peña Nieto, pragmático es Beltrones, lo que conlleva una ausencia plena de ideologías y la firme convicción de que la lucha es pura praxis, discutir una idea vaga, más cercana a la ocurrencia, que modifique las fachadas, no el interior de las casas.

Águila o Sol

De: Prof. Monjardín

Dudas y desconfianza

El tema de las alianzas entre los extremos ideológicos ha causado en la sociedad opiniones divididas, sobre todo por el tipo de gobierno que podría surgir a partir de una alianza de ese tipo. En México el caso no es la excepción, la posible alianza entre el PRD y el PAN en algunos estados, en las elecciones del siguiente año, genera desconfianza y dudas por parte de la población.

Considero que dichos sentimientos pueden estar fundados por las experiencias de alianzas electorales que han sido provocadas simplemente por la intención de ganar en la jornada electoral, pero que no han sido convincentes en el desarrollo de los gobiernos en cuestión.

Si la alianza entre el PRD y el PAN prospera, necesitará cambiar la visión de la población acerca de la funcionalidad y el objetivo propios de la alianza. Para cambiarla ya no será suficiente la generación de un discurso convincente, sino propuestas de acción concretas para el quehacer en el gobierno en caso de triunfo.

Un plan de gobierno de alianza debe estar hecho en las coincidencias programáticas de los partidos y en la negociación de los fundamentos gubernamentales que cada grupo propone.

En el caso del PRD, el partido debe tener claros los ejes fundamentales que debe incluir en la formación de cualquier plan de gobierno.

El primero es el combate a la desigualdad social, que es el mayor lastre en la historia del país. Existe un abismo en los extremos de los rangos sociales que es indignante, el intento de disminuirlo no sólo no ha funcionado sino lo ha ampliado. Como un partido dirigido por un socialdemócrata, la idea de cerrar las brechas de desigualdad de la sociedad es fundamental y que debe ser combatida mediante políticas públicas que fomenten la productividad y por tanto, la generación de capital de los sectores más pobres y no tratarlos a partir del fallido asistencialismo histórico.

El segundo, es la procuración del estado de derecho y la defensa de las libertades individuales. Un gobierno que no asegure a sus habitantes el respeto de las condiciones básicas de los derechos humanos, crea impunidad y el alejamiento de la sociedad del propio gobierno. El asegurar que aquellos que cometan un delito sean sancionados es fundamental para la legitimación del gobernante frente a la sociedad.

El último punto, es la lucha frontal contra la corrupción y la implementación de un sistema eficaz de transparencia y rendición de cuentas. Si hay algo que ha minado la confianza en los partidos políticos, son los actos de corrupción en los que se han visto envueltos algunos de sus militantes. Desde la selección de los candidatos hasta la puesta en marcha de gobiernos transparentes, se deberá mandar el mensaje de que se está escuchando el clamor popular de que los partidos tomen cartas en el asunto.

Los tres ejes propuestos para las alianzas programáticas de gobierno están interrelacionados, ya que debe existir una visión de estado que desarrolle las políticas públicas para los estados y que genere resultados, a corto y largo plazo, que hagan ver que sí se pueden llevar a cabo alianzas entre los extremos ideológicos que encuentren los puntos de acuerdo para un gobierno.

Por el bien de ese partido, confío que si se generan programas adecuados por parte del PRD y el PAN, que contengan claramente las acciones a realizar en los gobiernos que encabecen, la sociedad dará una oportunidad a dichas alianzas y sabrá con claridad qué esperar de cada gobierno para apoyarlo o no en el futuro.

Es una gran oportunidad para impedir la reinstauración del régimen autoritario que tanto ha dañado a la democracia mexicana, espero que no la desaprovechen los partidos.

Preparados para el 2018

La clase política y la comentocracia se concentran en la confección de la lista de aspirantes a la Presidencia de la República. Lo hacen a pesar de que faltan dos años y medio para la elección y tres años para la toma de posesión, que será en diciembre del 2018. Es demasiado tiempo.

Cualquier cosa puede ocurrir, lo cual es cierto, pero construir un candidato creíble toma su tiempo y quienes no estén apuntados en la lista este fin de año tendrán un desafío colosal para colarse. Por principio de cuentas la gente los tiene que conocer, lo que supone una fuerte inversión de dinero y esfuerzo.

En la boleta electoral del 2018 casi todos los casilleros están llenos. Sólo falta el nombre del candidato del partido en el poder, el Revolucionario Institucional, que será, como es obvio, el candidato a vencer. Aunque no todos lo dicen, los que aspiran trabajan día y noche para que su nombre aparezca en la boleta.

Ahí está el caso de López Obrador, quien está tras la nominación desde hace tres lustros. El tabasqueño será el candidato presidencial de Morena, partido que actualmente preside. El único obstáculo en su camino es una salud frágil, que lo puede sacar de la jugada a la hora buena. Es, no descubro nada, el aspirante más conocido. Casi todos los ciudadanos saben que ahí está, saben que quiere ser presidente. Que voten por él es otra historia.

También va Margarita Zavala. La ex primera dama ha cambiado de papel en la telenovela panista. Pasó, en cuestión de horas, de heroína a villana. ¿Qué hizo para tener tal metamorfosis? La respuesta tiene dos facetas: la primera es aparecer de manera regular a la cabeza de los aspirantes panistas en las encuestas, casi sin competencia. La segunda fue un mensaje que ha resultado por demás corrosivo: Dijo Margarita que será candidata. Si es por el PAN, mejor, pero si no la nomina el PAN, podría irse por la libre. Acorraló a la dirigencia de Anaya en una sola jugada. Si Margarita insiste, será candidata.

El otro que va es el gobernador de Nuevo León. El señor tiene nombre y apellido, pero le gusta que lo llamen El Bronco, que es más fácil de recordar, es buenísimo para la mercadotecnia y así, con apodo, quiere aparecer en la boleta. La verdad desconozco si está haciendo un buen trabajo en Nuevo León. Tal vez sí, pero como él quiere y sus patrocinadores también, ya sólo falta que “la raza” se manifieste para que El Bronco compita.

El otro que tiene un buen rato haciendo campaña es Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del Distrito Federal, que será el candidato de lo que queda del Partido de la Revolución Democrática, que hoy día es más bien poco. Tal vez Agustín Basave, que tiene muchos entorchados académicos, lo transforme en un partido competitivo.

Por el lado del PRI, hay media docena de aspirantes. No hay espacio para alguien más: Son, en estricto orden de posibilidades a la mitad del sexenio, los siguientes: Videgaray, Osorio, Nuño, Meade, Beltrones y el gobernador del Edomex, Eruviel Ávila. Ese es elenco.

Diferencias

Por años la definición de la legitimidad política fue clara, breve y sencilla: era el producto de un reconocimiento social y/o adecuación a una norma. Se le consideró también tradicionalmente como “un simple economizador de coerción”, cuya función principal era la de tejer lazos constructivos entre el poder y la sociedad. En estos tiempos, hay que reformular los términos de la conceptualización regular y de la actuación política para lograrla y mantenerla.

Así, la legitimidad es una “institución invisible, como la confianza entre personas”, pero que nunca está realmente adquirida. Si en realidad es inasible, hay que estar imaginando constantemente nuevos métodos y herramientas. Es claro que venimos presenciando el “descentramiento” de las democracias y se afirma que por el crecimiento de las sociedades modernas, la cada vez más difícil unanimidad obligó a abrazar la mayoría como sucedánea. Se tuvo que “leer” como si la mayor cantidad valiera por el total; o sea, se aceptó que la parte valía por el todo, pero además,  que el momento electoral valía para la duración del mandato.

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