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Triste realidad

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Metidos en estupideces como la del chihuahueño (los chihuahuenses son respetables, los otros son pequeñitos) Meléndez, aspirante a una diputación, farandulero que advierte que irá al Congreso estatal dos días a la semana. El resto lo dedicará a palenques y actividades importantes.El sujeto piensa que basta con su efigie hermosa y viril presencia sin trabajar, porque cuando no hay sesión es obvio, se ocupa en estudiar propuestas, analizar argumentos y transar lo conducente.

Bueno, es un supositorio o supongámonos que los padres de la Patria tienen las armas intelectuales para conocer los asuntos que competen a la República. No es así,  por como ejemplo el Senado tiene 16 (¡Sí, 16!) asesores para cada uno de los 128 legisladores dedicados a la molicie y al “dolcefarniente” (la hueva, en italiano).Perdemos tiempo criticando al zonzo con botas tipo babuchas orientales, bailando un corrido norteño en su honor mientras reclama el voto ciudadano en Guanajuato.

Así, sin darnos cuenta estas idioteces tapan lo que sucede en el país, y que va desde el paisa en el atentado en un museo del cercano oriente. El paisano, un “casco azul” de la ONU, viaja con esposa, suegra, cuñada, hijos, tía y toda la parafernalia con que los adoradores de Mecánica Nacional, la icónica película, recorren mundo.

Ni modo, tuvieron que informar que participamos en misiones de paz, algo que prohíbe la Constitución, el libro ése que edita una empresa de papeles higiénicos y que usan nuestros jorocones para limpiar toda suerte de suciedades. Luego, citan ejercicios bélicos en los que hubo contingentes nacionales, patrocinados, organizados y bajo mando de Estados Unidos.Otros uniformados fueron a entrenarse en técnicas antiguerrillas. En el asesinato de El Barbas, abatido en Cuernavaca, con posterior admisión de las autoridades el operativo fue a cargo de un grupo de la Marina recién llegado de Estados Unidos, bajo supervisión de “contratistas” yanquis. Léase mercenarios.

Sin discusión, se autoriza a los gringos portar armas de hasta 40 milímetros en territorio mexicano. El calibre, con balas cubiertas de teflón, traspasa cualquier blindaje, y con punta de mercurio explota dentro del balaceado. Si como mexicano pretende portar un arma para su seguridad, sólo podrá hacerlo con una mazorca de seis tiros 38, o una 380 casi de juguete.

Una desequilibrada reclama maternidad de una niña, en México; radica en Estados Unidos. La Interpol envía un comando reforzado por municipales y federales. Una juez iletrada y tonta ignora protocolos internacionales, y expulsa de su país a la niña que luego de todo tipo de pendejadas debe ser reintegrada a su pueblo, con sus padres. El problema es que la orden vino del norte.

Firman convenios para que aerolíneas gringas usen a México como patio trasero. No hay reciprocidad, por lo que hay un fermento de rebelión de pilotos, sobrecargos, personal de tierra, técnicos de todos los niveles. Nadie les hace caso; temen la desaparición de otras aerovías nacionales y más desempleo en el sector.

Eufóricos, anuncian aumento de exportaciones y flujo incontenible de inversiones del exterior. Pero no dicen que se trata de coches (¿hay propiedad o patente mexicana, como para entusiasmarse?) vendemos trabajo esclavo a precio ínfimo en beneficio de los industriales tiburones de todo el mundo.

En el submundo de la política nacional, en los antros infernales de la partidocracia, México es cada vez menos México, han trasladado las fronteras hasta el sur profundo imponiendo reglas conforme a los intereses del norte.

¡Pobre México, tan lejos de Dios, tan cerca de Estados Unidos! Conocida expresión de Porfirio Díaz cuyo corazón estaba en Francia. Donde reposa, por cierto.

El trabajo del CONEVAL

Nuestra pobreza no es coyuntural; nuestra desigualdad no es pasajera: la desprotección y vulnerabilidad de la mayoría de los mexicanos es, en realidad, una consecuencia lógica, el tipo de sociedad resultante de decisiones políticas que vienen tejiéndose desde los años ochenta.

Esa es mi conclusión, luego de la revisión del “Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2014” presentado –con envidiable profesionalismo y rigor- por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social  (Coneval), el miércoles pasado.

Pongámoslo de otro modo: nuestra miseria de masas –ahora urbana— no es resoluble en el marco de las políticas económicas vigentes. Nuestra profunda desigualdad –la peor de toda América— no se debe a que México continúa metido en una crisis y sus efectos. Por el contrario: durante los últimos años, las recetas económicas aplicadas una y otra vez, hicieron mutar a la economía mexicana y con ella ha emergido un nuevo tipo de sociedad que llegó para quedarse.

El Coneval está ya en condiciones de presentar un largo plazo (tendencias esenciales desde 1988 o 1992, según la disponibilidad de datos) unos 25 años –una generación completa— que permite análisis más allá de presidentes y sexenios. Y el resultado desconsuela: no hay forma de esperar una mejora en los últimos tres años, y sí, por el contrario, todos los indicadores apuntan a un mayor empobrecimiento de la sociedad mexicana ¡seis años después de la crisis!

Los números son claros

Durante las últimas décadas, el número absoluto de pobres ha seguido creciendo: de 47 millones en 1994, a 61.3 millones en 2012, tendencia que no se ha detenido hasta el presente.Pero la transfiguración de la pobreza es igualmente preocupante: no es que se haya quedado arrumbada por la historia, en el territorio rural, sino que se ha mudado a las ciudades. 41.7 millones de pobres (incluyendo a extremadamente pobres) viven en nuestras urbes; 21.9 millones en el campo.

Y vean esto: casi el 9 por ciento de todos nuestros pobres viven en 10 municipios urbanos, y tres de ellos son habitados por tres cuartos de millón: Puebla, Iztapalapa y Ecatepec. Son datos ciertos de 2012, pero –insisto— no hay ningún elemento, contra tendencia ni política que parezca evitar su agudización.

¿Por qué lo afirmo? Porque el ingreso de los hogares (con datos de 2014) no sólo no mejora, sino que es más bajo que en 1994. Coneval lo explica así: “A raíz de dos crisis económicas severas, la falta de crecimiento de la productividad, la volatilidad del precio de los alimentos e incluso un muy bajo nivel del salario mínimo, desde 1992… el poder adquisitivo promedio de los mexicanos no incrementó e incluso disminuyó”.

Hay que hacer una radiografía más precisa de esta sociedad construida bajo la hipótesis de la desigualdad permanente (no crece, no genera empleos suficientes, deprime los salarios intencionadamente y cobra muy pocos impuestos a los ganadores del arreglo) y cuyo único dique está a punto de abollarse: los 5 mil 904 programas de desarrollo social (federales, estatales y municipales), gruesamente financiados por la renta petrolera, que a su vez, ha entrado ya en su propia crisis descendente.

Y mientras, las principales novísimas reformas estructurales aseguran este modelo de reparto de riqueza al revés (como aquella que encoge y debilita a Pemex), cuya consecuencia obvia será la obtención de menos recursos para el gobierno federal y para el gasto social.

La seriedad y la imparcialidad del último informe de CONEVAL, nos dice que esta sociedad no es una estación provisional, derivada de una coyuntura adversa que se superará con “los frutos de las reformas estructurales”, todo lo contrario: este tipo de sociedad desgarrada llegó de la mano de ellas y para quedarse.

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