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Una gran historia  

Opinión-colorÁguila o Sol

De: Prof. Monjardín

Lo extraordinario de la historia de MalalaYousafzai es que su historia no tiene nada de extraordinaria, sucede todos los días. Esta Pakistaní de apenas 17 años, se convirtió en la persona más joven en recibir el Premio Nobel de la Paz, y tiene una extraña característica para alguien de tan corta edad: Un coraje sin límites.

Hace dos años cuando tenía solo 15 años, Malala recibió un disparo en la cabeza cortesía de la organización terrorista del Talibán. Viajaba en un autobús hacia su escuela, cuando sufrió un atentado en respuesta a su campaña en contra de la prohibición de que las mujeres estudien, impuesta en Pakistán por grupos extremistas islámicos. Con heridas que la pusieron al borde de la muerte, fue trasladada a Inglaterra donde logró recuperarse.

Pero desafortunadamente para estos terroristas, Yousafzai vivió para contarla…Y lo hizo. Desde entonces, la voz de Malala no ha podido ser silenciada y contó y sigue contando su historia que ha servido de inspiración y dado voz a millones de mujeres alrededor del mundo cuyos derechos son violados todos los días. Malala no ha parado su campaña a favor de la educación, exigiendo el derecho de las mujeres a recibirla.

Fue la semana pasada en Oslo, Noruega que Malala recibió el Premio Nobel de la Paz, el único que se entrega fuera de Suecia. Su nombre se une a los de Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, el Dalai Lama, Lech Walesa y la Madre Teresa entre otras personas e instituciones que han buscado con sus acciones la paz aunque sin lograrlo.

Al momento de recibir el Premio, Malala dio un discurso memorable contando cómo nació su entusiasmo mientras estudiaba. Entre los presentes se encontraba su madre, a quien agradeció por haberle enseñado a decir siempre la verdad y guiarla con fuerza en su camino de la vida. También estaba su padre a quien dio gracias por no cortarle las alas. En algunos fragmentos de este conmovedor discurso, Malala dijo y cito textual: “Este premio no es solo para mí. Es para esos niños olvidados que desean educación. Para esos niños que hoy asustados, quieren paz. Para esos niños sin voz que quieren un cambio. Yo estoy aquí para defender sus derechos, elevar su voz…No es tiempo para buscar piedad para ellos. Es hora de tomar medidas para que esta sea la última vez que vemos a un niño al que se le niega la educación.

“Vivimos en la era moderna, en pleno Siglo 21 y todos creemos que nada es imposible. Hemos llegado a la Luna y tal vez pronto aterrizaremos en Marte. Entonces, en este, el Siglo 21, debemos estar determinados a que nuestro sueño de una educación de calidad para todos,  también se hará realidad. Que esta sea la última vez que un niño o una niña pasa su infancia en una fábrica. Que esta sea la última vez que una niña se ve obligada a contraer matrimonio. Que esta sea la última vez que un niño inocente pierda la vida en la guerra”.

“Que esta sea la última vez que un aula permanece vacía. Que esta sea la última vez que a una niña se le dice que la educación es un crimen y no un derecho. Que esta sea la última vez que un niño se mantiene fuera de la escuela. Comencemos este final. Que este fin empiece con nosotros. Construyamos un futuro mejor, aquí y ahora.

“Cuando mi mundo cambió en forma dramatica, también lo hicieron mis prioridades. Tenía dos opciones, la primera era guardar silencio y esperar a que me mataran. La segunda era alzar la voz y esperar a que me mataran. Decidí la segunda. Decidí alzar la voz. Sobreviví y ahoa cuento mi historia, no porque es una historia única, sino porque no lo es”.

Las esperanzas de un México nuevo mueren bajo el torrente de violencia y desolación que ahoga a nuestro pueblo.El tiempo avanza y a su paso se diluyen los discursos que navegan en la ensoñación.

El país enferma gravemente y suplica por una cura que le permita luchar contra un virus inclemente.Crisis es la palabra que resuena por doquier. Es el término correcto que describe el conjunto de hechos que subyugan la tranquilidad de la nación.Pero la que vemos hoy, no es una crisis cualquiera, sino la suma de tantas otras.

No es sólo un caso particular de violencia y corrupción, es también la impunidad, la discriminación, la trata de personas, la migración ilegal, el hambre, la desigual distribución de la riqueza… el menosprecio a cada una de las garantías fundamentales que deben ser protegidas para erigir un estado funcional y benigno.

La crisis mexicana es una crisis de legalidad y de respeto a los derechos humanos.Las que deberían ser realidades de las cuales se beneficiaran los habitantes de México son, muchas veces, frases muertas.Hoy, nuestras leyes deben reencontrarse con su objetivo más puro:

Ser palabras vivas; ser aquello que designe, en la praxis, la manera más sana de encauzar el devenir real de 120 millones de personas.

Las leyes nacieron para establecer reglas que permitiesen la convivencia y desarrollo de las sociedades y, por ello, éstas deben regir para que la justicia y la equidad tengan existencia que se compruebe en la vida de todos los miembros que componen nuestra sociedad.

Asimismo, el exiguo respeto a los derechos humanos ha provocado este caos que nos devora.Sin la capacidad de preservar el derecho a la libertad, a la vida, a la igualdad, a la seguridad… las instituciones han perdido legitimidad y fuerza, y, en consecuencia, nuestro sistema político es percibido vulnerable, ineficiente.

De la misma forma, tantas décadas de olvido y permisividad, han convertido a la clase política en la responsable directa de esta inocultable decadencia, del enojo y reclamo de la sociedad que simplemente pide un lugar donde la paz, justicia y felicidad sean bienes asequibles, derechos auténticos.Sin embargo, todo esto debe auténticamente cambiar.

Los políticos y autoridades de México necesitamos unirnos en convicción y hechos para detener y revertir esta oleada de problemas que lastiman al país, que vapulean y denigran nuestro oficio.Debemos hacer valer la ley y reformarla cuando sea necesario para hacer posible un verdadero estado de derecho donde reine la legalidad y no la opulencia ni el crimen organizado.La ley y los derechos humanos deben gobernar este país cuyo potencial de crecimiento es infinito.

Existe información que cuenta únicamente con datos, con reportes que llegan a los medios, cifras… comunicarla no requiere quizás de mayor sensibilidad. Es un asunto prácticamente de transcribir nada más.El tema varía cuando tiene que ver con una interpretación de los fríos números, o de las frases textuales. Entonces es necesaria una sensibilidad comunicativa.

Cada medio de comunicación tiene una tendencia, una libertad para interpretar, y entonces brindarle conceptos a sus audiencias. La responsabilidad de no ser alarmistas, pero tampoco de caer en omisiones delicadas, es muy importante.

El reto está en un humanismo periodístico, en saber y entender la relevancia de la profesión, pues el impacto en la sociedad puede resultar muy relevante. El periodista puede crear tendencias en la manera de pensar de sus informados.Hay que buscar la verdad, acercarnos a ella, para darle elementos al receptor de mensajes a que se aproxime también a ella.

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